Informe sobre Sectas : Reflexiones sobre el fenómeno de las sectas hoy

 

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El 666 y las lecturas de las Escrituras.

Enlace permanente 26 de Marzo, 2007, 21:32

Cuando publiqué en 1995 "Aproximaciones al Fenómeno de las Sectas" definí 3 puntos de reflexión teológica en torno al esquema conceptual de los grupos de comportamiento sectario, que se aplican a los grupos de origen cristiano:

  • El subjetivismo religioso.
  • El individualismo.
  • La lectura heterodoxa de los textos sagrados.

Ya en aquel momento señalé que estas lecturas heterodoxas en el ámbito del cristianismo, entre las que destacaba la lectura fundamentalista y la lectura ocultista, no son un privilegio del cristianismo, sino que se trata de un fenómeno "que podríamos llamar más genéricamente como "lecturas aberrantes de textos sagrados" y que se dan hoy en casi todas las religiones: islamismo, budismo, bramanismo, etc."

La base de estas lecturas aberrantes está en alejar al lector del contexto real en el que fue escrito y para el que fue escrito un texto sagrado (el autor y sus destinatarios), para poner el texto al servicio de interpretaciones totalmente caprichosas. De ese modo un texto al que se le da una autoridad singular sobre la vida de los creyentes, un texto sagrado, puede decir lo que su presentador quiere que diga.

Un ejemplo lamentable de este tipo de lecturas aberrantes y desmañadas lo hemos visto en las últimas semanas en el seno del grupo conocido como Creciendo en Gracia, liderado por José Luis Miranda. En uno de sus sermones, Miranda mostró sus brazos tatuados "666" y "SSS" y se presentó a sí mismo como el Anticristo.

Esto generó una serie de repercusiones del más variado tenor, en las que tanto el texto bíblico como las mismas palabras de Miranda fueron interpretadas parcialmente de acuerdo a la subjetividad de cada lector y sin la más mínima objetividad.

Miranda generó esta discusión con una interpretación muy personal del texto de Ap 13:18 que dice así: "¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia: pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666" (utilizo aquí la versión de la Biblia de Jerusalén).

Este texto ha dado lugar a un sinnúmero de interpretaciones y a la leyenda o convicción de muchos cristianos que el 666 es el número del anticristo. Pues bien, si leemos objetivamente el texto, no es así.

En primer lugar porque el términio "anticristo" no pertenece al libro del Apocalipsis. El autor del último libro de la Biblia cristiana no utiliza en ningún momento esta palabra. Primera consecuencia: 666 no identifica al Anticristo.

En segundo lugar, porque es muy posiblemente que el texto original no dijera 666, sino 616. De acuerdo a los últimos descubrimientos arqueológicos sobre este texto, la copia más antigua con la que contamos en la actualidad (es de finales del siglo III o principios del IV) dice que el número de la Bestia es "616" y el 666 tan popular obedecería a un error de copia posterior (véase al respecto un interesante artículo en castellano de Gerardo Jofré)

En tercer lugar, porque el libro del Apocalipsis fue redactado en griego, y por lo tanto "666" (aún cuando acabo de decir que no sería la cifra de la bestia) no puede dar lugar a "SSS" (Salvo Siempre Salvo, el lema de Creciendo en Gracia). En griego no se pronuncia "seis, seis, seis" ni "six, six, six", sino... "hex, hex, hex". Pero además, en realidad el manuscrito griego se lee "hexakosiai deka hex", traducido al castellano: "seiscientos dieciseis", a lo sumo "seiscientos sesenta y seis", asumiendo el error de copia posterior.

Consecuencia: en el convencimiento unánime de los estudiosos del texto bíblico, la cifra 616 está señalando a una persona contemporánea de los cristianos que vivían en el Imperio Romano a fines del siglo I, que podría ser Nerón o Calígula, pero que en ningún caso se llamaría Miranda.

Pero lo importante, más allá de la interpretación que merezca un versículo del libro del Apocalipsis (un seguidor de Miranda me escribió afirmando que se refería al Apostol Pablo ¿?), lo que debemos rescatar de este desdichado suceso creo que son otras cosas:

  • La verdadera religión es aquella que conduce a las personas a su madurez y plenitud, no la que las esclaviza y aleja de su racionalidad.
    La actitud de los seguidores de Miranda que aceptaron esta interpretación alejada de toda lógica es sumamente preocupante pues los introduce en un mundo de subjetividad en el que ninguna razón es valedera más allá de la palabra del líder.
  • El análisis del fenómeno sectario requiere de una sociedad madura y culta, que no caiga en la trampa de la discusión superficial.
    Es tan nocivo el discurso de Miranda, como el de aquellos que lo satanizaron o discriminaron en función de las creencias. Lo nocivo es la manipulación (sea consciente o inconsciente), es el sometimiento de la inteligencia y voluntad de sus seguidores (aún cuando sea voluntario); no lo que cree por disparatado que pueda parecernos a nosotros.
  • A nuestra cultura occidental aún le falta mucho por recorrer para poder asumir el desafío que significan las sectas. Si 2000 años de cristianismo no han logrado que podamos interpretar razonablemente los textos fundantes de nuestras creencias religiosas, esto nos indica que como colectivo estamos a merced de cualquier interpretación aparente que pueda cautivar con su carisma las voluntades de los creyentes.

En lo personal creo que la solución no es la autoridad, sino la educación y la formación en todos los niveles de nuestra sociedad. Necesitamos leyes, pero en una cultura democrática y de respeto de las diferencias, antes que leyes necesitamos educación.

Su opinión es muy importante,
por favor, incorpórela en forma de comentario.

Oscar Gerometta

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¿Creciendo en Gracia = Satanismo?

Enlace permanente 23 de Marzo, 2007, 11:42

No. Cierta y rotundamente No.

Y por favor, que esto no se entienda como una defensa de Creciendo en Gracia. Nada más lejos de mi intención. Pero Creciendo en Gracias no es un Grupo Satánico.

En las últimas semanas hemos sido bombardeados por un cúmulo de artículos periodísticos y noticias referidos al anuncio del líder de Creciendo en Gracia de que él es el Anticristo, y las subsecuentes reacciones de sus seguidores. La más  paradójica de estas reacciones es la masiva (bueno, yo no termino de considerar que 20 personas sean algo masivo ¿no?) concurrencia de sus fieles a centros de tatuado para grabar en sus cuerpos leyendas tales como "666" o "SSS".

¿Qué puede decirnos este hecho? Ciertamente puede tener muchas interpretaciones, algunas más, otras menos serias; algunas más razonables, otras conclusiones disparatadas (cuáles son cuáles, lo dejo a su criterio estimado lector):

  • Que es una prueba clara de la ignorancia bíblica de José Luis de Jesús Miranda (el líder de Creciendo en Gracia" y nuevo "Anticristo").
  • Que esto nos indica que algunos grupos de origen evangélico están pasando de una lectura fundamentalista de las Escrituras a una lectura disparatada, en la que la libre interpretación se ha convertido en interpretación caricaturezca.
  • Que es una demostración de la psicología enfermiza de los seguidores de Miranda, ya que esta interpretación no soporta ningún examen y debiera llevarlos al rechazo de Miranda antes que a acercarse más a él.
  • Que es un hecho lamentable que nos permite constatar la ignorancia en materia sociológica y religiosa de la mayoría del periodismo que no tiene elementos para interpretar estos hechos.
  • Que también ha manifestado las lamentables limitaciones de la dirigencia política de algunos países (legisladores, ministros, etc.) que han reaccionado con una actitud digna del siglo XV, y sin capacidad para hacer un diagnóstico profundo de la realidad de sus pueblos.
  • Que las reacciones que ha merecido este suceso muestran, sobre todo, la necesidad profunda de investigación, estudio, reflexión y análisis del fenómeno de las conductas sectarias. Un requerimiento con el que todos nuestros pueblos están en deuda.
  • Que este es un síntoma de la cercanía del Apocalipsis, porque los fieles están adorando al Anticristo.
  • Que hechos como este manifiestan clara e indudablemente que detrás de las sectas está el accionar de Satanás.
  • Que Miranda está poseído por Satanás.
  • Que este es un grupo filo-nazi, de ahí que utilicen la sigla "SSS".
  • Que alguien tendría que avisarle a Miranda que el Apocalipsis fue escrito en griego (no en castellano), por lo que 666 no es sinónimo de SSS. Y en hebreo, sería más complicado.
  • Que indudablemente Miranda es un enfermo psiquiátrico en estado delirante, y que sus adeptos merecen un diagnóstico semejante.
  • Que algunas naciones centroamericanas tienen un problema de salud pública que deben atender.
  • Que este es un caso maravilloso para poder realizar un estudio sociológico sobre un caso en desarrollo.
  • Que los servicios de inteligencia de los países implicados debieran iniciar inmediatamente un seguimiento de este grupo de riesgo.
  • Que estamos ante un grupo de riesgo que puede desatar en cualquier momento una masacre colectiva al manifestarse como un grupo para-militar.
  • Que esto es un intento del neo-conservadurismo de pervertir la fe de base de las culturas centroamericanas para llevarlas a una situación de mayor dominación.
  • Que....

Seguramente a usted también se le han ocurrido alternativas, haga su propia lista. Pero por favor, no digan que Creciendo en Gracia es un grupo Satánico, ni que se trata de una práctica Satánica. Si se genera una clasificación de grupos que están lejos del Satanismo, Creciendo en Gracia debe ser incluído en ella.

Hace ya un tiempo publiqué un largo artículo sobre el Satanismo (http://sectas.cmact.com/articulos/satanismo.htm) y si alguien deja de lado la predicación de Miranda se da cuenta rápidamente que Creciendo en Gracia no corresponde a ninguno de los 3 conjuntos de grupos satanistas que describo en ese artículo.

El Satanismo es otra cosa. Por supuesto que no se me escapa mi propia afirmación de que el Satanismo occidental contemporáneo es hijo de la cultura judeo-cristiana. Pero eso no significa que cada cristiano que menciona bien o mal a Satanás sea un satanista.

Lo que creo que manifiesta este suceso es nuestra profunda ignorancia en materia religiosa y social. Y cuando digo "nuestra" quiere referir a todos como sociedad, no solamente a los estratos menos formados o instruidos de nuestra cultura. En este suceso, las respuestas y declaraciones de quienes tienen la responsabilidad de pensar en nuestra sociedad ha sido en términos generales lamentable, mostrando una profunda ignorancia del fenómeno y contribuyendo aún más a la confusión. En todos los estamentos: medios de comunicación, estructuras del estado, jerarquías religiosas, en todos los niveles.

Su opinión es muy importante,
por favor, incorpórela en forma de comentario.

Oscar Gerometta

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El Tarot lo lleva a su mundo interno

Enlace permanente 9 de Julio, 2006, 9:14

Marco Antonio Azuero
Especial para PORTAFOLIO

Más que un arte adivinatorio y de soluciones inmediatas a los problemas, las cartas son un oráculo simbólico que permiten el autoconocimiento.

Si en la actualidad consultamos la sección de avisos clasificados de un periódico en busca de una lectura de Tarot, nos encontramos con todo tipo de afirmaciones en las que se nos asegura que nos traen de vuelta al ser querido que perdimos o que nos dejó. Y no solo nos lo devuelven sino que también lo ponen de rodillas ante nosotros, completamente dócil y amoroso.

Igual ocurre si estamos sin dinero suficiente y nos dicen que a través de una consulta nos dan los números ‘benditos’ para ganarnos la lotería y volvernos millonarios. También si buscamos venganza porque alguien nos ganó la partida en el tema que nos afecta, llámese asunto amoroso, de trabajo, de poder o dinero.

Por este tipo de ofertas es que, desde tiempos de la edad media, se asocia al Tarot con brujería, supersticiones y predicción de la buena o mala fortuna del consultante. Esto ha generado todo tipo de reacciones ante la baraja de las cartas: desde miedo absoluto por las cosas que le van a decir sobre su futuro hasta generar una dependencia muy fuerte para consultar cualquier decisión que tomemos en nuestra vida.

Una mirada interior
Pocos conocen la verdadera finalidad del Tarot, pocos saben que éste fue creado hace 800 años como un libro en imágenes para el auto conocimiento humano. Quienes lo elaboraron fueron un grupo de seres con gran sabiduría y conocimiento de sí mismos que quisieron legarle a la civilización occidental un método coherente y estructurado para conocer su siquis y desenvolver las potencialidades guardadas en nuestro interior. Para ello se valieron de los aportes del misticismo judeo cristiano de la cábala hebrea, junto con el aporte de la alquimia oriental, de la astrología sumeria y de la numerología árabe.

Como este tipo de saberes eran proscritos y perseguidos por los dogmas ortodoxos de las religiones imperantes, sus creadores decidieron generar dos versiones: una para ser utilizada como entretenimiento a través de un juego de cartas y la otra mucho más profunda como instrumento para meditación y auto descubrimiento personal.

Del primer tipo de cartas están aquellas que se usaron para adivinación y también para diversión, de las cuales derivaron la actual baraja española y la baraja de póker. En el caso del segundo, éstas sólo eran difundidas entre grupos ocultos o hermandades secretas a nivel esotérico.

Entre las versiones de difusión más abierta estuvieron también las que algunos señores feudales o miembros de las cortes nobles de Europa encargaron pintar con sus rostros, para demostrar su poderío y legitimidad ante la sociedad de la época. Tal es el caso de la célebre versión del Tarot Visconti-Sforza, encargada por Francesco Sforza con motivo de su matrimonio con Bianca Maria Visconti hacia el año 1428, la más antigua versión conocida y de gran calidad.

Ya en el siglo XIX, varios autores sobre temas ocultos estudiaron el Tarot en forma más abierta, como fue el caso del ocultista francés Alphonse Louis Constant, más conocido como Eliphas Levi, quien fue el primero en mostrar la conexión directa entre las 22 letras hebreas y los 22 arcanos mayores del Tarot. En su libro Dogma y ritual de magia trascendental hace la siguiente afirmación sobre el Tarot: "Un prisionero desprovisto de libros, si tuviera solamente un Tarot que supiera cómo usar, podría en pocos años adquirir una ciencia universal y conversar con inigualable doctrina e inagotable elocuencia".

Otros aportes
Ya hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX varios autores avanzaron aún más en el estudio y la difusión seria del Tarot, aunque todavía dirigido a un público muy reducido. Entre ellos encontramos a Arthur Edward White, inspirador del famoso Tarot Rider-White; Aleister Crowley, quien diseñó el Tarot de Thoth, y Paul Foster Case, quien fue la mayor autoridad en el tema del Tarot del siglo XX, cuyo Tarot de B.O.T.A. (iniciales en inglés de la escuela esotérica Builders of the Adytum), es una de las mejores versiones a nivel esotérico ya publicadas abiertamente al público en general.

El reconocido psicólogo suizo Carl Gustav Jung, discípulo de Sigmund Freud, decidió estudiar el lenguaje simbólico presente en el Tarot y otros oráculos simbólicos como el I Ching, con el interés de profundizar en la comprensión de la siquis humana y la interpretación de los sueños y pudo elaborar su teoría sobre los arquetipos presentes en el inconsciente colectivo de la humanidad, que a su vez se reflejan en el inconsciente personal mediante dicho lenguaje simbólico de los sueños.

En su interés por entender el proceso a través del cual el ser humano logra contactar conscientemente con su parte divina interior y motivado en entender un sueño recurrente a lo largo de muchos años de su vida, Jung encontró en la Alquimia un método valioso para comprender dichos misterios del Alma humana.

Gracias a los aportes de Carl Gustav Jung y de nuevos investigadores serios y valiosos en este tema, hoy podemos validar el porqué los 78 arcanos del Tarot (22 arcanos mayores y 56 arcanos menores) son un instrumento que nos ayuda a emprender ese viaje hacia nuestro interior para conocernos.

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¿Hace falta un Registro de Cultos?

Enlace permanente 27 de Septiembre, 2005, 12:17

¿Hace falta un Registro de Cultos?

Días atrás se hizo pública la noticia de que el Registro de Cultos de la República Argentina había flexibilizado las condiciones para aceptar el funcionamiento de grupos religiosos en el territorio nacional. La noticia, dejaba de lado algunos puntos, que a mi juicio, es fundamental tener en cuenta antes de hacer cualquier planteo sobre el tema:

  • En la República Argentina el actual Registro de Cultos es "obligatorio" por ley nacional, sin embargo, el no cumplimiento de este trámite burocrático no conlleva ninguna sanción para la asociación de la que se trate, y de hecho funcionan multiplicidad de grupos no registrados.
  • Aún así, dada la enorme flexibilidad del Registro, se registra cualquier tipo de asociación poniendo bajo el mismo rótulo a respetables iglesias históricas con tradición y adherentes como la comunidad luterana y la anglicana, a iglesias históricas que brindan cobijo espiritual a pequeñas comunidades de inmigrantes como la ortodoxa griega, y a pequeños grupos reunidos en torno a la predicación de un líder espiritual carismático sin ningún tipo de estructura doctrinal, formación o trayectoria en la comunidad. Baste para prueba comparar a España, que se encuentra muy preocupada por tener operando en su terrirotio aproximadamente 300 grupos, con el Registro de Cultos argentino que supera los 3.000 inscriptos. (véase la página web de la Secretaría de Cultos Argentina).
  • El principal efecto en Argentina de la inscripción de un grupo en el Registro de Cultos, es su "oficialización" o "reconocimiento en sociedad". Esto es fruto de la misma historia del Registro: creado en 1955 por el Presidente Juán Perón en el contexto de su polémica con los obispos de la iglesia Católica, el Registro de Cultos fue utilizado para contrarrestar el peso creciente de la iglesia Católica en la sociedad dando el mismo rango a otras asociaciones. El primer culto inscripto en el Registro fue la Escuela Científica Basilio.
  • Desde el retorno a la democracia en Argentina, en el año 1983, repetidamente se ha intentado reformar este Registro de Cultos por vía legislativa sin mayor éxito. Siempre el marco del debate ha sido el respeto de la libertad de culto, y nunca el estudio o preocupación seria por dar una respuesta válida al auge de grupos que bajo el tinte religioso manipulan la libertad, bienes, sicología y conciencia de sus fieles.
    Permítanme acotar que si hay un país en el que más allá de las legislaciones, la libertad de culto es un valor asumido socialmente, es Argentina. Así lo demuestra la convivencia que han tenido desde los inicios de la nacionalidad en el territorio argentino grupos religiosos que en otras latitudes eran antagónicos. Tal es el caso de la comunidad judía, la comunidad musulmana, la comunidad anglicana, la comunidad luterana, la comunidad ortodoxa, y un largo etcétera. Por supuesto que esto sin negar cierta actitud de extrañeza y distancia respecto de formas culturales que resultan ajenas a la máyoría de la población como las religiones orientales; aunque en todos los casos con un claro marco de respecto y convivencia.
  • Aún cuando en Argentina hay una legislación sobre el tema y un marco regulatorio, el principal problema no está en el ámbito administrativo sino en el de los hechos. En Argentina los delitos cometidos al amparo de una cubierta religiosa son de muy difícil seguimiento, denuncia y juzgamiento. Ya sea que se trate de delitos económico como que hacen a la vida privada de los ciudadanos, que hablemos de abuso deshonesto, secuentro o extorsión, que se trate de alguno de los grandes grupos tradicionales como la iglesia Católica o la iglesia Luterana; de de pequeñas comunidades lideradas por un pastor sin ningún tipo de registro oficial... En todos los casos los funcionarios evitan "meterse" en el tema religioso y se admite rápidamente que se apele a justificaciones religiosas y la protección de la libertad de culto aún cuando un delito sea siempre un delito independientemente de quién lo ejecuta y en nombre de qué divinidad superior.

Es por todo esto que creo preciso llevar el debate a un nivel más profundo y radical. No podemos seguir discutiendo si hay que flexibilizar los registros de culto o no, si hay que admitir la inscripción de "sectas" o no. Creo personalmente que el eje de la discusión debe ser la validés o no de la existencia de un registro de curso, de la validés de estos registros como herramienta ante la problemática religiosa contemporánea, y de cuáles son las responsabilidades del Estado y las herramientas adecuadas para dar respuesta a esa problemática contemporánea.

En este sentido, mi opinión personal es que:

  • La problemática social que plantea el tema religioso en Occidente pasa por 2 ejes diferentes: el respeto de la diversidad religiosa y el avance creciente de grupos pseudoreligiosos de diferente tipo que manipulan la libertad, bienes y psicología de sus adherentes, llámense sectas, nuevos movimientos religiosos o como se quiera.
  • Para esa problemática social un registro de cultos no sólo es una herramienta inadecuada, sino peor, es una herramienta que muchas veces termina dando reconocimiento social a este tipo de grupos. Pasándolo en blanco: opino que los registros de culto como los concebimos hoy, no deben existir. Creo que el Estado, no tiene entidad ni autoridad para definir qué creencia constituye una fe religiosa y cuál no.
  • Para esta situación lo que se requiere es tipificar claramente los delitos económicos y penales, dar lugar a estas nuevas motivaciones que tienen raigambre religiosa, y reprimir con todo el peso de la ley civil cualquier exceso o violación a los derechos individuales y sociales, provengan de quien provengan. Esta es la mejor garantía de respeto de la libertad religiosa.

¿Porqué no un registro de cultos?

Cuando un Estado habilita un "registro", a la vez que realiza un relevamiento de una actividad, está introduciendo una forma social de validación de la misma actividad. Un ejemplo fuera del área: en la mayoría de los países existe un Registro de Marcas y Patentes en el que los investigadores registran sus invenciones de modo tal que quede registrada su autoría. El hecho de realizar el registro, no sólo conlleva un control por parte del estado de los inventos realizados por sus ciudadanos, sino también un reconocimiento y legitimación de la autoría de ese trabajo.

El registro, no solo lleva un conteo de existencia, sino que también legitima social y legalmente.

En términos generales, la percepción es que una entidad "registrada" es una entidad "legítima" mientras que una registrada no lo es. Aunque el registro en sí mismo no sea más que un trámite burocrático, esta sensación de legitimación social persiste.

En consecuencia, la creación de un Registro de Cultos tiene 2 consecuencias graves e indeseables. Por un lado crea la falsa sensación de que hay un control de la actividad. Digo que la sensación es falsa porque la actividad existe sea registrada o no. Los movimientos neo-nazis no se encuentran inscriptos en ningún registro, y no por eso son menos reales y merecen menor atención.

Por el otro, la existencia del un Registro de Culto brinda legitimidad a las organizaciones en él inscriptas, y este es un rol que no corresponde al Estado. Las iglesias, congregaciones, asociaciones religiosas o como quieran llamarse tienen exitencia antes y por sobre el Estado. La dimensión religiosa del hombre es una realidad existencial no reglamentable por ninguna estructura ajena a la propia experiencia religiosa; y esto incluye al Estado.

¿En base a qué criterio el Estado define quién debe registrarse o no?, o lo que es lo mismo, define qué profesión de fe es verdadera o no, qué asociación religiosa es verdaderamente religiosa o no. ¿Queremos darle al Estado esta autoridad sobre la conciencia de los ciudadanos?

Un ejemplo del Registro de Cultos de Argentina. Hace pocos años se retiró el registro al Culto de San La Muerte argumentando que se trataba de una creencia popular y no de una verdadera religión. ¿Qué clase de funcionario es el que está habilitado para esta definición? ¿Con qué criterio se argumenta que el Culto de San La Muerte no es un culto religioso, y si lo es el conjunto de seguidores de un pastor carismático cuya única profesión de fe es la fe predicada por el mismo pastor? Poner estas definiciones en manos de un funcionario, creo que si entraña un verdadero riesgo a la libertad de cultos.

Pero atención, con esto no quiero decir que se deba incluír a todos sin discriminación, todo lo contrario, no se debe registrar lo que no se tiene la potestad de regular. Además, si cualquiera de las comunidades religiosas históricas y ampliamente reconocidas se negara a registrarse ¿eso qué significa? ¿Que no es un culto legítimo?. y un grupo de propósitos muy poco claros y sin formación religiosa real, por el hecho de estar registrado ¿sería más legítimo que aquella iglesia histórica?

La realidad de la experiencia religiosa del hombre crece, se desarrolla y fluye la margen de la potestad del Estado. El Estado debe aceptarla y considerarla como un derecho inhalienable de sus ciudadanos, un derecho que es anterior al mismo Estado y que por lo tanto no es regulable por él. Creo que esto es lo propio de un Estado moderno, pluralista y democrático; no la actitud burocrática de registro y control que es propia del Estado totalitario.

¿Cómo puede responder el Estado a la problemática de los movimientos de conducta sectaria?

Este es el verdadero problema de nuestra cultura occidental en este albor del siglo XXI. El problema no es regular o reglamentar la experiencia religiosa. Esta existe y se desarrolla por sí sola y no requiere de una legitimación externa. Cada fiel está convencido de que su fe verdadera y por eso hace una profesión de fe. Para el fiel su fe es verdadera más allá de aprobaciones, registros o estatutos.

El problema es el avance permanente de grupos que abusan del argumento religioso y del acto de fe de las personas para manipularlas en lo físico, espiritual, psicológico y material. Por lo tanto el problema es el abuso del argumento religioso y del recurso a la libertad de culto para legitimar actos que son en sí mismo delictivos sean hechos por el motivo que fuera, en el contexto en que fuera.

La privación de la libertad es siempre privación de la libertad, sea a manos de delincuentes comunes o de líderes religiosos que pretenden tener propósitos superiores. La estafa es siempre estafa, sea para el provecho personal o para la construcción del templo. El abuso deshonesto, es siempre abuso, sea el victimario un líder religioso o sea un vecino más del barrio.

En mi opinión personal, el Estado en la situación actual debería:

  • Perseguir todo abuso respecto de los bienes personales, la libertad de las personas o su integridad física, moral o psicológica y garantizar estos como bienes inembargables de todo ciudadano, más allá de su creencia religiosa, su origen social o racial. Es decir, por ejemplo, el sacrificio humano constituye simplemente un homicidio y como tal debe ser juzgado. Más allá de una creencia religiosa que lo asuma como un rito sacro, no es un acto tolerado por nuestra sociedad.
  • Considerar la jerarquía religiosa de quien comete uno de estos delitos, un agravante y no un atenuante que licúe la responsabilidad. La estafa es condenable a manos de un oportunista callejero, pero mucho más grave es en manos de un líder religioso ya que en ese caso el fiel le entregó su confianza y en este sentido ha suspendido su juicio crítico. La conducta delictiva bajo la cubierta de actividad religiosa es una de las peores estafas al individuo.
  • Revisar y tipificar las diversas figuras legales existentes a fin de dar cabida a los nuevos delitos. Hoy asistimos a la implementación desaforada e irreflexiva de técnicas de manipulación psicológica que entrañan grave riesgo a la salud mental de los ciudadanos sin que constituyan ninguna falta legal.
  • Crear organismos de estudio y seguimiento no de los grupos religiosos en sí, sino de las conductas de tipo sectario que se registran en cualquier organización, a fin de poder prever y alertar sobre posibles excesos.
  • Brindar asistencia psicológica tanto a familiares como a ex-miembros de cualquiera de estos grupos, ya que entrañan una verdadera patología social de dimensiones mayores que la drogadicción y se requiere una acción en consecuencia.
  • Educar en la libertad y la fidelidad a las propias convicciones, y no en la dependencia a líderes de cualquier tipo.

Para terminar. Detrás de la polémica sobre los registros de culto, muchas veces se oculta un tipo de conducta que ha conducido a muchos de nuestros males contemporáneos: hacemos algo, aunque no sea efectivo, pero que nos permita aligerar nuestra responsabilidad porque hemos actuado.

Las acciones deben ser eficaces, y el tema tratado con la gravedad y seriedad que requiere. Se trata de la libertad de los individuos, y por lo tanto no caben respuestas de corte totalitario, sino todo lo contrario, al deseo de coerción solo se puede responder con mayor libertad.

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Oscar Gerometta

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