Informe sobre Sectas : Reflexiones sobre el fenómeno de las sectas hoy

 

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Sharon Tate El día que Satanás se vistió de hippy

Enlace permanente 11 de Agosto, 2007, 10:02

ABC.es
09/08/2007

El 9 de agosto de 1969 la policía encontró en el número 10.050 de la calle Cielo Drive del barrio de Bel Air en Beverly Hills los cadáveres brutalmente asesinados de la joven actriz Sharon Tate (El baile de los vampiros y El valle de las muñecas), esposa de Roman Polanski que estaba embarazada de ocho meses, y de tres amigos suyos: Voytek Frykowsky, Jay Sabring y Abigail Folger, así como de Steve Parent, un joven ajeno a su círculo.

La noticia corrió como la pólvora y el mundo entero se horrorizó ese verano ante aquella orgía de sangre, un crimen ritual que apuntaba a sectas como la Cienciología y otras de carácter esotérico o satánico.

Manuel Penella (colaborador de ABC y autor, entre otras obras, de biografías de Franz Kafka, Vincent van Gogh y Dionisio Ridruejo, además de un ensayo sobre La Falange Teórica) ha reeditado su trepidante reportaje novelado Sangre en el paraíso (Grand Guignol ediciones) en el que relata las arduas investigaciones que llevaron a la detención del gurú Charles Manson y sus fieles seguidoras Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie van Houghton, acusados también de la muerte del matrimonio La Bianca. «La Policía tardó varios meses hasta dar con los culpables -cuenta Penella a ABC-. Como a la noche siguiente de aquel suceso se produjo otro crimen inexplicable, el asesinato de los LaBianca, llegó a haber una psicosis de miedo casi nacional, a ver quién iba a ser el próximo. En fin, había todo tipo de sospechas morbosas, se suponía que en la casa de los Polanski se celebraba una orgía que acabó mal por cuestiones de tipo sadomasoquista o áun más tenebrosas, vinculadas a sectas vudú o a círculos satánicos. Las investigaciones también se orientaron al submundo de las drogas. Se creyó que en esa casa se consumían habitualmente, porque se hallaron cantidades no muy elevadas de marihuana, MDA y cocaína en poder de alguna de las víctimas».

A juicio de Penella, «se trata de una historia muy interesante desde el punto de vista antropológico y sociológico porque estamos presenciando la conversión de una comuna de pacíficos hippies en el instrumento criminal de este Charles Manson, un personaje siniestro que fue acopiando información relativa al poder y al dominio sobre los demás. Así, cuando estaba preso por delitos menores, pudo estudiar Cienciología, conocimiento que luego aprovechó para sus fines, siempre con la obsesión de volverse claro, cuando ser claro para él significaba estar por encima de las personas no claras, lo que le daba derecho a mandarlas. Esto de la claridad Manson lo tomó de la Cienciología, que busca romper las amarras del conocimiento preconcebido».

Pero esa no fue la única fuente de la que bebió Manson, pues «también se alimentó de autores satánicos, como Anton Szandor LaVey (fundador de la Iglesia de Satán que se autoproclamó el Papa Negro y que escribió libros como La Biblia Satánica); o como el británico Aleister Crowley (pintor, astrólogo, alpinista, poeta, jugador de ajedrez, satanista moderno que se hacía llamar «La Bestia 666» y autor de obras como El libro de la Ley y La Visión y la Voz). Manson adoptó su lema «Haz lo que quieras», que a su vez podemos remontar a Rabelais. Y sabemos de dónde lo cogió Crowley, pues Manson, a su través, recibe cierta influencia de Nietzsche, aunque el único libro del filósofo alemán que, según se sabe, él leyó fue Más allá del bien y del mal. Así se sitúa, siniestramente, más allá del bien y del mal como pocos criminales. En fin, la personalidad de este asesino es producto del cruce de un ser absolutamente desprovisto de escrúpulos morales con cierto tipo de literatura satánica y esotérica, y con una interpretación desquiciada del Superhombre».

A este cóctel habría que añadir la guinda del LSD. «La influencia de Timothy Leary resulta muy relevante, porque los viajes lisérgicos de Manson le muestran los límites de nuestro conocimiento. El ácido derrumba su visión de la realidad y una de sus primeras identificaciones es con la figura de Jesucristo. Manson siempre se identifica con una figura superior: él siempre será lo más. El LSD desempeña en esta tragedia un papel difícil de aclarar, pero las tres cómplices que le secundan también estaban muy golpedas por el ácido lisérgico. La idea de Leary era que se puede acceder a un estado superior escalando «las siete gargantas de Dios». Gracias al ácido se podría llegar a la divinidad tras echar abajo, por así decirlo, todas las puertas de la percepción. Manson cree que así se puede acortar camino y que no hace falta seguir las tediosas prácticas de la Cienciología o las técnicas de Crowley para llegar a la claridad».

Antes de que el jurado pronunciara su veredicto, Richard Nixon los declaró públicamente culpables. «Esta tremenda matanza sirvió para atacar el movimiento hippy, pacifista y empeñado en acabar con la guerra de Vietnam, que estaba ganando cada vez más terreno, incluso entre los miembros del stablishment». Además, al filo de la celebración del juicio, en 1971, se tuvo conocimiento de la matanza de My Lai, perpetrada por marines norteamericanos. «La sociedad estadounidense sufrió un shock muy fuerte y, naturalemente, la América profunda aprovechó la ocasión para advertir «a dónde llevan todas estas cosas de la libertad sexual, los pelos largos y las drogas»».

No sólo en EE.UU. pues «este crimen también fue aprovechado en España para animar una interesada campaña de estigmatización de los ideales que ayudaron a la liberación cultural de los 60 y que ya pertenecen a nuestra época», pero que colisionaban frontalmente con el conservadurismo del Régimen de Franco. «No es posible negar que aquellos movimientos juveniles aportaron un cambio de actitud por el deprestigio de la autoridad por la autoridad o la revolarización del cuerpo como protagonista del gozo humano. El golpe era muy interesado. Había muchas comunas hippies que no cometían crímenes y que no estaban encabezadas por tipos como este Manson».

¿Fueron él y sus seguidoras víctimas expiatorias de esa campaña ideológica? «Actualmente hay gente vinculada a Manson y a su familia que los exculpa creyendo que les cargaron con estos crímenes por razones políticas. Pero no hay ningún indicio objetivo de que esa hipótesis de inocencia se pueda sostener. Manson, que cumple cadena perpetua (los acusados se libraron de la pena de muerte porque se decretó una moratoria en California) no sólo continúa negando su culpabilidad, sino que nunca ha mostrado el menor arrepentimiento. Mientras tanto, para superar el estado de postración mental y moral en el que habían caído, sus tres cómplices se convirtieron a la secta de los Cristianos renacidos», concluye Manuel Penella.

Tulio Demicheli
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