Informe sobre Sectas : Reflexiones sobre el fenómeno de las sectas hoy

 

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Informe sobre Sectas

 
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20 de Mayo, 2007

 

Cienciología: la BBC defiende informe

Enlace permanente 20 de Mayo, 2007, 9:59

BBC Mundo
14/05/2007

El editor del programa Panorama de la BBC, Sandy Smith, defendió un reportaje documental sobre la iglesia de la Cienciología en el cual un reportero de la BBC grita a uno de los miembros de la secta.

El periodista John Sweeney perdió el control durante la grabación del informe y le gritó al representante de la Cienciología Tommy Davis.

El editor del programa dijo que estaba "decepcionado" por el comportamiento de Sweeney.

Pero también señaló que la Cienciología era una "organización singular" y que "no sabe cómo lidiar con ningún tipo de crítica".

Smith indicó que "como uno va como periodista e intenta manejar eso, entonces resulta explosivo".

Escenas de la discusión entre Sweeney y Davis fueron puestas en el sitio de internet YouTube, como anticipo de la transmisión televisiva del programa este lunes.

Smith le dijo al programa Breakfast de la BBC que "rápidamente, dos escarabajos machos tenían los cuernos entrelazados", refiriéndose a la disputa que se dio entre los dos hombres ante la cámara.

El editor añadió que "no se trataba de llamar 'culto' (a la Cienciología)", y que el programa no había dicho que a la gente se hiciera "lavado de cerebro".

"Trampa"
En el sitio en inglés de la BBC, Sweeney escribió que había caído "en una trampa" al dejarse arrastrar dentro de una discusión.

Sweeney escribió: "Si le interesa ser periodista de televisión, éste es un buen ejemplo de cómo no hacerlo".

"Me veo como un tomate que estalla, grito como una turbina y cada vez que lo veo me hace retorcer".

Durante la discusión, Davis le dice a Sweeney: "Espero que alguien esté grabando esto... usted no tiene ningún derecho para decir qué es y qué no es una religión".

"La definición de religión es muy clara y no la establece John Sweeney".

Davis también le dice a Sweeney que sus comentarios sobre la Cienciología son "despectivos", "ofensivos" e "intolerantes".

Sweeney respondió diciendo: "Soy un ciudadano británico, no un ciudadano estadounidense, y en mi país tenemos libertad de expresión. Tengo derecho de informarlo".

El periodista dijo que mientras trabajaba en el documental en Estados Unidos, fue perseguido, espiado y que alguien entró en su habitación de hotel a la medianoche.

También afirmó saber que sus vecinos y su suegra en el Reino Unido recibieron llamadas de extraños y que alguien que lo espiaba durante su boda huyó en el momento en que se le confrontó.

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Diputados oficialistas buscan penalizar a sectas de perfil “destructivo”

Enlace permanente 20 de Mayo, 2007, 9:56

La Nación
18/05/2007

Los diputados PPD Antonio Leal y Laura Soto, más el DC Gabriel Silber, presentaron un proyecto de ley destinado a penalizar a “aquellas sectas religiosas o no religiosas de carácter destructivo”.

El ex presidente de la Cámara Baja señaló que una iniciativa de este tipo busca prevenir que ocurran hechos como los de la profesora de danza, Jocelyn Rivas, quien falleció y fue enterrada ilegalmente en el predio de una autodenominada comunidad cristiana en Pirque.

En este sentido, dijo que "la vida en sectas o comunidades no puede implicar la imposición de normas de conductas o de normas que pongan en peligro la vida de las persona o violen la Constitución y la ley".

Los legisladores explicaron que esta iniciativa penalizará a "quienes obliguen a otros a practicar o concurrir a actos de cultos o ritos y/o a realizar actos demostrativos de profesar o no profesar una religión o a cambiar la que profesan. De esta manera, se agrega al artículo 138 del Código Penal dicho inciso, cuya pena para estos delitos va desde los 61 días a cinco años de reclusión".

Asimismo, el proyecto agrega un inciso en el artículo primero de la Ley de Culto 19.638, en el cual se plantea que el ejercicio de los derechos que emanan de la libertad religiosa y de culto tiene como único límite la protección y el derecho de los demás al ejercicio de sus libertades públicas y derechos fundamentales, así como también, la salvaguardia moral, las buenas costumbres y el orden público.

indicó que "Chile presenta evidencias muy concretas de la operación clandestina y pública de sectas religiosas de perfil destructivo que atentan gravemente contra la dignidad de las personas que son victimadas por una pertenencia fanática, acrítica e incondicional".

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John Travolta intenta boicotear la emisión de un documental sobre la cienciología para la BBC

Enlace permanente 20 de Mayo, 2007, 9:50

Informativos Telecinco.com
15/05/2007

John Travolta, una de las cabezas visibles de la Iglesia de la Cienciología en Hollywood, está presionando a la cadena BBC para vetar la emisión de un documental sobre el controvertido culto. El actor ha emprendido una campaña contra el programa para la que ha escrito una misiva cuyas 100.000 copias ha dirigido a los ejecutivos de la cadena, a miembros del Parlamento, funcionarios y diversas personalidades del mundo empresarial británico.

El actor decidió tomar medidas contra la emisión del documental después de que el periodista de la BBC que lo elaboró, John Sweeney, se descargara a gritos con uno de los miembros de la Iglesia de la Cienciología.

En un momento del rodaje del documental, que Travolta se encargó de subir a YouTube,
Sweeney aparece increpando al cienciólogo Tony Davis, después de que este lo acusara de facilitar las entrevistas a los detractores de la organización.

Alzando notablemente la voz y casi iracundo, Sweeney le grita a Davis: "Escúchame. Tú no estabas ahí al comienzo de la entrevista. Tú no estabas ahí. No escuchaste ni grabaste toda la entrevista".

Travolta ya hubo de vérselas con Sweeney durante la premiere en Londres de su última película, 'Cerdos salvajes'. Camuflado entre la multitud que se arremolinaba en torno a la alfombra roja y siendo grabado por su productor, Sweeney gritó al actor a su llegada al cine: "¿Eres miebro de un culto siniestro lavacerebros?".

A raíz de la difusión del video,
el periodista se disculpó y calificó que su reacción era "un buen ejemplo de cómo no hacerlo, (con el aspecto de) un tomate a punto de explotar y levantando la voz como un avión a reactor".

Sweeney, que llevaba seis meses investigando la Cienciología, afirma que su investigación le ha llevado a ser espiado, perseguido por las calles de Los Ángeles o a recibir ‘visitas inesperadas’ en su habitación de hotel a medianoche.

La BBC optó por obviar la petición de Travolta y tras el estreno del documental el pasado 14 de mayo, planea programar nueva emisiones en su parrilla así como ponerlo a disposición de los internautas desde su página web. En cualquier caso el programa ya ha encontrado su sitio
en YouTube, donde puede verse íntegro.

El periodista John Sweeney se embarcó en Scientology and me en la investigación de la llamada Iglesia de la Cienciología, que pese al significativo apoyo que recibe por parte de algunos pesos pesados de Hollywood, es objeto de numerosos detractores que la tachan de culto, más que de religión. AJM

Video del Programa de la BBC

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El desafío de las “sectas”

Enlace permanente 20 de Mayo, 2007, 9:36

Diario de las Américas.com
16/05/2007

Washington, DC - Hace dos años, durante un sínodo de obispos, el cardenal brasileño Claudio Hummes, de quien se habló como un firme candidato a Papa tras el deceso de Juan Pablo II, dejó atónito a su auditorio con estas palabras: “¿Cuánto tiempo más seguirá siendo el Brasil una nación católica?”

La visita del Papa Benedicto XVI al Brasil –el país con el mayor número de católicos— la semana pasada se hizo eco, en gran medida, de la angustia del cardenal Hummes y, por añadidura, de los obispos de toda América Latina, donde la Iglesia Católica ha perdido alrededor del 20 por ciento de sus seguidores a manos de distintos grupos evangélicos en las últimas décadas. La condena frontal del Papa a las “sectas”, tal como llama a los grupos pentecostales y otras denominaciones evangélicas, es un claro reconocimiento por parte del Vaticano de que la mayor “reserva” católica del mundo se encuentra amenazada por sus competidores espirituales.

La amenaza no es tan reciente. Aunque el protestantismo logró penetrar furtivamente en América Latina incluso en la época colonial, cuando las enseñanzas de Lutero circulaban de manera clandestina alrededor del continente, el verdadero desafío comenzó en la década de 1950 con la llegada de los Testigos de Jehová. Más tarde, ganó fuerza con la proliferación de distintos grupos evangélicos.

En Guatemala, cerca del 30 por ciento de la población ya se considera protestante y el éxito de la “embestida” contra el catolicismo puede medirse, por ejemplo, en el hecho de que la Fraternidad Cristiana, el grupo evangélico más grande, está por inaugurar el mayor edificio religioso de América Central (tendrá cabida para 12.200 personas). En Brasil, la Asamblea de Dios, el movimiento pentecostal más fuerte del país, convoca multitudes que no tienen nada que envidiar a las de los partidos de fútbol. Entre una quinta y una cuarta parte de la población brasileña ha abandonado a la Iglesia Católica en favor de las iglesias protestantes.

¿Por qué ocurre esto? La explicación convencional es que la Iglesia Católica fue siempre parte de las elites que gobernaron América Latina y está pagando el precio de su larga asociación con lo establecido. La explicación de “derechas” es que la Teología de la Liberación —el movimiento marxista que dividió a la Iglesia Católica en América Latina en los años 70 y 80— ha contribuido a la satanización del Vaticano y de la Iglesia tradicional. La explicación de “izquierdas” es que la reacción del Vaticano contra la Teología de la Liberación —dirigida por el cardenal Ratzinger, el actual Papa, en los años 80 y 90, en sus tiempos como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— perjudicó el esfuerzo por acercar a la Iglesia al mundo de los pobres, abriendo un vacío que ha sido llenado por los competidores evangélicos.

Tiendo a pensar que el fallo de la Iglesia Católica ha consistido en mostrarse poco alerta a las angustias de los latinoamericanos pobres del mismo modo en que los partidos tradicionales y las instituciones políticas se han mostrado ajenas a la vida real de millones de personas. La emigración hacia otras religiones es el equivalente del voto en favor de los “outsiders” en muchos comicios presidenciales o de la evasión de impuestos, licencias y reglamentos en las actividades económicas cotidianas, lo que se conoce como la “economía sumergida”.

En el caso de la Iglesia Católica, los esfuerzos de la Teología de la Liberación por enraizar a la Iglesia en el pueblo a través del marxismo acabaron por ahuyentar, como es lógico, a los latinoamericanos de a pie que experimentaron, a través de la revolución y la contrarrevolución, los horrores de la lucha armada y que padecieron —por medio de la inflación, el desabastecimiento y la burocracia sofocante— los rigores de la economía populista. Pero la reacción conservadora tampoco estuvo muy inspirada. El Vaticano fue incapaz de advertir que la frustración de la gente por el status quo estaba perfectamente justificada. Las instituciones políticas y legales de América Latina no facilitaban la movilidad social y al espíritu empresarial de los de abajo.

Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y autor de “Rumbo a la Libertad”. Su dirección electrónica es AVLlosa@independent.org.

©2007, The Washington Post Writers Group.

Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y autor de “Rumbo a la Libertad”. Su dirección electrónica es AVLlosa@independent.org.

©2007, The Washington Post Writers Group.

¿Por qué ocurre esto? La explicación convencional es que la Iglesia Católica fue siempre parte de las elites que gobernaron América Latina y está pagando el precio de su larga asociación con lo establecido. La explicación de “derechas” es que la Teología de la Liberación —el movimiento marxista que dividió a la Iglesia Católica en América Latina en los años 70 y 80— ha contribuido a la satanización del Vaticano y de la Iglesia tradicional. La explicación de “izquierdas” es que la reacción del Vaticano contra la Teología de la Liberación —dirigida por el cardenal Ratzinger, el actual Papa, en los años 80 y 90, en sus tiempos como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— perjudicó el esfuerzo por acercar a la Iglesia al mundo de los pobres, abriendo un vacío que ha sido llenado por los competidores evangélicos.

Tiendo a pensar que el fallo de la Iglesia Católica ha consistido en mostrarse poco alerta a las angustias de los latinoamericanos pobres del mismo modo en que los partidos tradicionales y las instituciones políticas se han mostrado ajenas a la vida real de millones de personas. La emigración hacia otras religiones es el equivalente del voto en favor de los “outsiders” en muchos comicios presidenciales o de la evasión de impuestos, licencias y reglamentos en las actividades económicas cotidianas, lo que se conoce como la “economía sumergida”.

En el caso de la Iglesia Católica, los esfuerzos de la Teología de la Liberación por enraizar a la Iglesia en el pueblo a través del marxismo acabaron por ahuyentar, como es lógico, a los latinoamericanos de a pie que experimentaron, a través de la revolución y la contrarrevolución, los horrores de la lucha armada y que padecieron —por medio de la inflación, el desabastecimiento y la burocracia sofocante— los rigores de la economía populista. Pero la reacción conservadora tampoco estuvo muy inspirada. El Vaticano fue incapaz de advertir que la frustración de la gente por el status quo estaba perfectamente justificada. Las instituciones políticas y legales de América Latina no facilitaban la movilidad social y al espíritu empresarial de los de abajo.

Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y autor de “Rumbo a la Libertad”. Su dirección electrónica es AVLlosa@independent.org.

©2007, The Washington Post Writers Group.

Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y autor de “Rumbo a la Libertad”. Su dirección electrónica es AVLlosa@independent.org.

©2007, The Washington Post Writers Group.

La visita del Papa Benedicto XVI al Brasil –el país con el mayor número de católicos— la semana pasada se hizo eco, en gran medida, de la angustia del cardenal Hummes y, por añadidura, de los obispos de toda América Latina, donde la Iglesia Católica ha perdido alrededor del 20 por ciento de sus seguidores a manos de distintos grupos evangélicos en las últimas décadas. La condena frontal del Papa a las “sectas”, tal como llama a los grupos pentecostales y otras denominaciones evangélicas, es un claro reconocimiento por parte del Vaticano de que la mayor “reserva” católica del mundo se encuentra amenazada por sus competidores espirituales.

La amenaza no es tan reciente. Aunque el protestantismo logró penetrar furtivamente en América Latina incluso en la época colonial, cuando las enseñanzas de Lutero circulaban de manera clandestina alrededor del continente, el verdadero desafío comenzó en la década de 1950 con la llegada de los Testigos de Jehová. Más tarde, ganó fuerza con la proliferación de distintos grupos evangélicos.

En Guatemala, cerca del 30 por ciento de la población ya se considera protestante y el éxito de la “embestida” contra el catolicismo puede medirse, por ejemplo, en el hecho de que la Fraternidad Cristiana, el grupo evangélico más grande, está por inaugurar el mayor edificio religioso de América Central (tendrá cabida para 12.200 personas). En Brasil, la Asamblea de Dios, el movimiento pentecostal más fuerte del país, convoca multitudes que no tienen nada que envidiar a las de los partidos de fútbol. Entre una quinta y una cuarta parte de la población brasileña ha abandonado a la Iglesia Católica en favor de las iglesias protestantes.

¿Por qué ocurre esto? La explicación convencional es que la Iglesia Católica fue siempre parte de las elites que gobernaron América Latina y está pagando el precio de su larga asociación con lo establecido. La explicación de “derechas” es que la Teología de la Liberación —el movimiento marxista que dividió a la Iglesia Católica en América Latina en los años 70 y 80— ha contribuido a la satanización del Vaticano y de la Iglesia tradicional. La explicación de “izquierdas” es que la reacción del Vaticano contra la Teología de la Liberación —dirigida por el cardenal Ratzinger, el actual Papa, en los años 80 y 90, en sus tiempos como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— perjudicó el esfuerzo por acercar a la Iglesia al mundo de los pobres, abriendo un vacío que ha sido llenado por los competidores evangélicos.

Tiendo a pensar que el fallo de la Iglesia Católica ha consistido en mostrarse poco alerta a las angustias de los latinoamericanos pobres del mismo modo en que los partidos tradicionales y las instituciones políticas se han mostrado ajenas a la vida real de millones de personas. La emigración hacia otras religiones es el equivalente del voto en favor de los “outsiders” en muchos comicios presidenciales o de la evasión de impuestos, licencias y reglamentos en las actividades económicas cotidianas, lo que se conoce como la “economía sumergida”.

En el caso de la Iglesia Católica, los esfuerzos de la Teología de la Liberación por enraizar a la Iglesia en el pueblo a través del marxismo acabaron por ahuyentar, como es lógico, a los latinoamericanos de a pie que experimentaron, a través de la revolución y la contrarrevolución, los horrores de la lucha armada y que padecieron —por medio de la inflación, el desabastecimiento y la burocracia sofocante— los rigores de la economía populista. Pero la reacción conservadora tampoco estuvo muy inspirada. El Vaticano fue incapaz de advertir que la frustración de la gente por el status quo estaba perfectamente justificada. Las instituciones políticas y legales de América Latina no facilitaban la movilidad social y al espíritu empresarial de los de abajo.

Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y autor de “Rumbo a la Libertad”. Su dirección electrónica es AVLlosa@independent.org.

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Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y autor de “Rumbo a la Libertad”. Su dirección electrónica es AVLlosa@independent.org.

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¿Por qué ocurre esto? La explicación convencional es que la Iglesia Católica fue siempre parte de las elites que gobernaron América Latina y está pagando el precio de su larga asociación con lo establecido. La explicación de “derechas” es que la Teología de la Liberación —el movimiento marxista que dividió a la Iglesia Católica en América Latina en los años 70 y 80— ha contribuido a la satanización del Vaticano y de la Iglesia tradicional. La explicación de “izquierdas” es que la reacción del Vaticano contra la Teología de la Liberación —dirigida por el cardenal Ratzinger, el actual Papa, en los años 80 y 90, en sus tiempos como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— perjudicó el esfuerzo por acercar a la Iglesia al mundo de los pobres, abriendo un vacío que ha sido llenado por los competidores evangélicos.

Tiendo a pensar que el fallo de la Iglesia Católica ha consistido en mostrarse poco alerta a las angustias de los latinoamericanos pobres del mismo modo en que los partidos tradicionales y las instituciones políticas se han mostrado ajenas a la vida real de millones de personas. La emigración hacia otras religiones es el equivalente del voto en favor de los “outsiders” en muchos comicios presidenciales o de la evasión de impuestos, licencias y reglamentos en las actividades económicas cotidianas, lo que se conoce como la “economía sumergida”.

En el caso de la Iglesia Católica, los esfuerzos de la Teología de la Liberación por enraizar a la Iglesia en el pueblo a través del marxismo acabaron por ahuyentar, como es lógico, a los latinoamericanos de a pie que experimentaron, a través de la revolución y la contrarrevolución, los horrores de la lucha armada y que padecieron —por medio de la inflación, el desabastecimiento y la burocracia sofocante— los rigores de la economía populista. Pero la reacción conservadora tampoco estuvo muy inspirada. El Vaticano fue incapaz de advertir que la frustración de la gente por el status quo estaba perfectamente justificada. Las instituciones políticas y legales de América Latina no facilitaban la movilidad social y al espíritu empresarial de los de abajo.

Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

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Los grupos evangélicos, en cambio, supieron abordar esas preocupaciones con buena puntería. A diferencia de los obispos católicos, no vociferaron en contra de la economía global ni denostaron al mundo material en nombre de los valores espirituales. Más bien, predicaron entre sus seguidores la idea de que su destino está en sus propias manos y les aconsejaron no esperar del Estado la solución de todos sus problemas. Alentaron, por tanto, a los pobres a establecer toda clase de asociaciones de ayuda voluntaria para suministrar los servicios que las autoridades nunca se cansaban de prometer pero se mostraban incapaces de proporcionar.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI incluyera, durante su viaje al Brasil, una visita a un centro católico de rehabilitación para drogadictos que en parte ha intentado emular a la red de servicios sociales de los pentecostales indica que por ahora no está en los planes de Roma tirar la toalla en la pugna contra las “sectas”. En buena hora. La competencia jamás perjudicó a un consumidor. Ni siquiera en las cuestiones del espíritu.

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El porvenir de las “sectas”

Enlace permanente 20 de Mayo, 2007, 9:32

La Nación
16/05/2007

Si no hubiese sido por la inhumación ilegal de una joven, la llamada “secta de Pirque” nunca habría merecido primeras páginas en los diarios ni notas televisivas. Ahora, ya fue borrada por el fútbol, el Transantiago y los otros componentes del acontecer cíclico de la actualidad. Es que el grupo de Pirque resulta difícil de procesar con los códigos de la crónica periodística. Sus integrantes no son hinchas vandálicos, ni compradores de viviendas estafados por una inmobiliaria, ni narcotraficantes, ni deudores insolventes de las autopistas concesionadas, ni funcionarios acusados de corrupción. Es decir, no son normales. Como no podían asimilarse al acontecer cotidiano, se los trató como a bichos raros, se los marcó con el estigma de ser distintos, enfatizándose cuestiones pintorescas como el sexo sin placer.

Más allá de sus aspectos judiciales, el caso de la secta señaló los límites de nuestra tolerancia con la diferencia. Cierto que la sociedad chilena es hoy mucho más abierta y pluralista que hace dos décadas y esto parece deberse, en gran medida, a las dinámicas del mercado. Hoy, en las pantallas de los canales católicos y laicos se despliega la anatomía humana con sus pulsiones y deseos, porque vende. También se tolera a las minorías sexuales en la medida en que éstas pueden convertirse en segmentos interesantes del mercado. Pero hasta ahí no más llega la apertura.

Un grupo que se las arregla para vivir fuera del sistema y que se muestra inmune a las seducciones de los bancos, las multitiendas y las cadenas de farmacias es potencialmente mucho más transgresor que quienes tienen sexo con condón o por orificios prohibidos. Por ahora, las sectas parecen ser singularidades, rarezas, minorías demasiado insignificantes para producir trastornos. Por eso se las trata con la conmiseración que merecen unos pobres loquitos que se automarginan de las bendiciones de los créditos y sus intereses llenos de benevolencia y amor por los deudores, la educación formal y el ingreso a una vida laboral que da plenitud, estabilidad y exageradas gratificaciones.

La vida comunitaria autosuficiente siempre ha sido una posibilidad de escape para los inconformistas radicales. En Norteamérica, desde el siglo XIX prosperaron las granjas comunitarias. Hasta hoy existen grupos como los Amish, que buscaron una forma de vida propia, muchas veces para preservar valores amenazados por la modernidad. Un emblema de la vida autosuficiente en Estados Unidos es Henry David Thoreau y su obra “Walden, vida en los bosques”. En Hispanoamérica, pese a que la Contrarreforma impuso un control estricto sobre la vida pública y privada, no han faltado los experimentos utópicos comunitarios desde la Colonia. El término “alternativo” se usa hoy para referirse a los que en vez de terno y corbata usan bluyines, zapatillas y poleras. Pero más allá de las apariencias, en Chile y en toda América hay muchos y muy diversos grupos que han optado por vivir en formas verdaderamente alternativas. Como se instalan fuera del mercado son invisibles.

Sí, hay cada vez más personas aquejadas por el malestar del progreso, por los traumas de la vida en las grandes ciudades, por la precariedad del individuo aislado del colectivo humano. La opción del regreso a la vida rural y comunitaria, aunque sea sólo como proyecto, es creciente. Aun así, ni las comunidades ni las sectas van a llegar a convertirse en una amenaza seria para el sistema. Éste ya se está destruyendo por sus propios excesos y por las ambiciones desmedidas de quienes lo administran. En la medida en que cunda el apocalipsis irán prosperando los que han sido capaces de inventarse otras formas de vida y experimentos comunitarios. Ahora, comunidades y sectas también tienen sus traumas y riesgos. El más frecuente es el poder sin control que pueden ejercer los líderes mesiánicos o carismáticos.

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