Esta apertura religiosa ha golpeado a la Iglesia Católica, que solo en latinoamérica ha perdido por lo menos el 10 por ciento de sus fieles en la última década, según le dijo recientemente a EL TIEMPO el cardenal Javier Errázuriz, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).
De hecho, para la visita en mayo del papa Benedicto XVI a Brasil, las conferencias episcopales presentarán un documento en el que describen el modus operandi de los grupos no católicos para atraer fieles.
Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano para el Estudio de las Religiones (Icer), asegura que Colombia está viviendo una "privatización de la fe". "Lo que pasa con la Iglesia Católica es como si la gente se estuviera peleando con la mamá -dice Sanabria-. Lo simbólico ya no es de ella ni la identidad nacional y el Estado asumió los roles que le había entregado: educación, asistencialismo y funciones civiles".
Sumado a esta ruptura, expertos advierten que hay un nuevo perfil del creyente.
Andrea Gálvez, antropóloga de la U. de Antioquia, lo explica: "Los fieles de hoy escuchan y definen lo que más les ayuda para enfrentar el mundo. Es común que alguien tome yajé, vaya a misa y de paso se lea las cartas".
'Libertad de culto es un desastre'
El crecimiento de movimientos religiosos ha venido de la mano de tutelas y acciones judiciales e incluso reuniones de grupos religiosos con el presidente Álvaro Uribe para que "se les concedan los mismos derechos que tienen los católicos", según estas comunidades.
El último pronunciamiento fue una circular de la Procuraduría en la que la entidad les pedía a los procuradores regionales que velen porque en las Fuerzas Militares, hospitales, cárceles y colegios haya religiosos de diferentes credos y no solo católicos.
En los últimos años, también han solicitado bajo el derecho a libertad de cultos -que se empezó a reglamentar en 1994- que los matrimonios realizados en estas confesiones tengan efectos civiles, como los de la Iglesia Católica, y que se exima a los pastores de impuestos. "Tenemos libertad, mas no igualdad", advierte el pastor Oswaldo Pinzón, quien preside una asociación de líderes evangélicos.
Para el constitucionalista Jorge Munévar el "desarrollo de la libertad de cultos ha sido un desastre", porque "las otras confesiones solo han podido ganar un poco de terreno".
Algunos ejemplos
En Popayán, símbolo mundial de la Semana Santa colombiana, que comenzó ayer, los fieles católicos, de paño y chal, no salen de su asombro. En el último lustro han visto cómo cada domingo cientos de personas se desvían a la Villa Olímpica y al Centro Recreacional de Comfacauca para asistir a encuentros evangélicos.
Este fortín sagrado del catolicismo por más de 450 años ha sido permeado por unas 50 comunidades religiosas diferentes a la católica, que comenzaron a construir sus templos, con capacidad de 3.000 personas cada uno.
El fenómeno de la diversidad religiosa es más visible en ciudades como Bogotá, donde la cantidad de iglesias católicas ya fue superada por templos de otros credos: las primeras llegan a 450 y los segundos, a 700, revela la Alcaldía.
Solo en el barrio Teusaquillo se reúnen en 14 kilómetros cuadrados cerca de 36 credos, desde el evangélico hasta el gnóstico y el Jesucristo Científico, sin contar otro tipo de ofertas espirituales como el Poder Astral y El Templo Llanero, según un estudio de la Universidad Nacional.
Nota de Redacción
Quizás sea fruto de mi modo de leer la noticia o sólo una impresión sin mayor fundamento, pero el concepto final que me queda latente luego de la lectura de este artículo es que el reconocimiento de la libertad de culto es un problema o un hecho negativo.
La libertad de culto es un derecho fundamental de la persona humana, por lo que difícilmente se puede aceptar que el reconocimiento de las consecuencias de ser persona humana sea la causa de un problema. Quizás la lectura sea parcial y nos estemos olvidando (no sólo en Colombia) de que una mayor libertad requiere una mayor responsabilidad, y que libertad y responsabilidad no se pueden afrontar sin educación.
Quizás a esta nota le falta un subtítulo más por desarrollar "La falta de educación y la ignorancia religiosa son un desastre."
Oscar Gerometta
Este fortín sagrado del catolicismo por más de 450 años ha sido permeado por unas 50 comunidades religiosas diferentes a la católica, que comenzaron a construir sus templos, con capacidad de 3.000 personas cada uno.
El fenómeno de la diversidad religiosa es más visible en ciudades como Bogotá, donde la cantidad de iglesias católicas ya fue superada por templos de otros credos: las primeras llegan a 450 y los segundos, a 700, revela la Alcaldía.
Solo en el barrio Teusaquillo se reúnen en 14 kilómetros cuadrados cerca de 36 credos, desde el evangélico hasta el gnóstico y el Jesucristo Científico, sin contar otro tipo de ofertas espirituales como el Poder Astral y El Templo Llanero, según un estudio de la Universidad Nacional.
Nota de Redacción
Quizás sea fruto de mi modo de leer la noticia o sólo una impresión sin mayor fundamento, pero el concepto final que me queda latente luego de la lectura de este artículo es que el reconocimiento de la libertad de culto es un problema o un hecho negativo.
La libertad de culto es un derecho fundamental de la persona humana, por lo que difícilmente se puede aceptar que el reconocimiento de las consecuencias de ser persona humana sea la causa de un problema. Quizás la lectura sea parcial y nos estemos olvidando (no sólo en Colombia) de que una mayor libertad requiere una mayor responsabilidad, y que libertad y responsabilidad no se pueden afrontar sin educación.
Quizás a esta nota le falta un subtítulo más por desarrollar "La falta de educación y la ignorancia religiosa son un desastre."
Oscar Gerometta