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Vanguardia 08/01/2007
Los capos de la droga recurren a prácticas oscuras basadas en religiones como la santería y el satanismo, adoptadas para expiar la culpa y liberarse del pecado de matar, explica el doctor especialista en siquiatría de la UNAM, Jorge de la Peña Martínez, consultor internacional en el Instituto Interamericano de la Organización de Estados Americanos y encargado del programa de manejo y prevención de la tortura.
Un ejemplo es el caso del gallo pintado en el pecho de la mujer encontrada en la narcofosa del municipio de Uruapan, Michoacán. El investigador señala que podría tratarse de un tótem, una especie de emblema protector del individuo.
“Para ellos puede ser un símbolo sagrado con poderes divinos que los protege, los identifica y por el cual expían sus culpas”, afirma.
Durante 2006 “La Familia”, grupo perteneciente al cártel del Golfo, sorprendió con el novedoso modus operandi de asesinar a sus víctimas infringiéndoles todo el dolor posible, cortándoles la cabeza con cuchillos, navajas y cuters, sello indiscutible de los kaibiles, entrenados en una escuela militar de Guatemala, y ahora contratados por el narco.
Este tipo de crímenes suscitados en la región de Tierra Caliente, así como en los municipios de Uruapan, Tacámbaro, Los Reyes, Lázaro Cárdenas y Zamora, además de ser “una advertencia y un acto de intimidación a sus colaboradores cercanos, a periodistas y políticos que pudieran denunciarlos, se trata de un ritual que permite al sujeto inventar una nueva forma de pensar para saldar sus culpas”, asegura Jorge de la Peña.
El investigador señala que los rituales usados por estos cárteles tienen reminiscencias prehispánicas.
Asimismo, en el caso de la santería, es usual matar un pollo para que la sangre y el alma del ave se vaya con los pecados del sujeto que está en el rito, apunta el investigador.
Los narcotraficantes no dejan fuera de su adoración a la Virgen María, a San Judas Tadeo y a Jesús Malverde, santo de los narcos. “Creen en Dios, pero para ellos es un dios de los malos: el diablo, en la posmodernidad se junta con otro tipo de prácticas y se convierte en narcosatanismo”, señala.
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