Informe sobre Sectas : Reflexiones sobre el fenómeno de las sectas hoy

 

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11 de Diciembre, 2006

 

República Democrática de Congo: el fenómeno de los niños brujos

Enlace permanente 11 de Diciembre, 2006, 18:42

Equilibri.Net
11/12/2006

Desde hace unos quince años el fenómeno de los niños brujos, es decir niños acusados de estar poseídos por el diablo y de llevar enfermedades y desgracias a su familia, está difundiéndose cada vez más en la República Democrática de Congo, también a causa del poder carismático de algunos lideres religiosos. Los niños acusados de brujería sufren exorcismos y violencia en el intento de liberarles del maligno, muchos mueren, otros escapan de casa y acaban por vivir en la calle, convirtiéndose en fáciles presas para la delincuencia y la droga.

Con las primeras elecciones libres después de cuarenta años la República Democrática de Congo (RDC) intenta dejarse sus espaldas años de dictaduras, guerras civiles y la denominada "primera guerra mundial africana de los tiempos modernos", combatida en suelo congoleño, finalizada después de cinco años de combates en el 2003, y que según los datos de UNICEF ha provocado cuatro millones de muertos y 1,66 millones de refugiados que, para no ser atacados de nuevo por los ejércitos regulares y las tropas de milicianos, han decidido vivir en las selvas o engrosar los ruinosos suburbios de las megalópolis. Guerra conocida también por el empleo de unos 30.000 niños soldados, fenómeno extendido en las guerras del África occidental, y por las violencia y los abusos sexuales sobre los civiles que han indignado a la opinión pública mundial.

Actualmente en Congo (ex Zaire), país rico en materias primas, la mayor parte de la población vive con menos que un dólar al día, y la expectativa de vida al nacimiento es de 51 años. La tasa de difusión del SIDA es del 4,2%, tasa relativamente baja si compara con otros Estados africanos; los niños infectados, siempre según el UNICEF, serían un millón.

Y en este contexto, desde hace cerca de quince años en las principales ciudades congoleñas, en particular el capital Kinshasa, que cuenta con 10 millones de habitantes y en el importante centro diamantífero sur-occidental Mbuji-Mayi, con 4 millones de habitantes, se ha difundido ampliamente al fenómeno de los Ndoki o "pequeños brujos", es decir, niños a los que se cree poseídos por el demonio y por lo tanto responsables de todas las desgracias familiares, desde las más serias como una enfermedad o la pérdida de un trabajo, a las más fútiles como la rotura de un televisor o la desaparición de una bicicleta. Los niños, para huir de la violencia, a menudo escapan de casa y no tienen otra posibilidad que no sea la de vivir en la calle tratando de sobrevivir.

No es extraño, según los estudiosos de antropología, que se considere como poseídos a los niños, es decir el sector más débil y expuesto de la sociedad, a los que se les atribuye todos los problemas económicos y en los que se manifiesta más claramente la pérdida de los valores tradicionales.

En el pasado
La creencia en demonios que se encarnan para difundir enfermedades y desgracias no es ajena a la tradición congoleña. En pasado era un fenómeno predominantemente extendido en la realidad rural y se acusaba de brujería a las mujeres viudas o sin hijos, que en consecuencia fueron obligadas a vivir en los límites de la aldea. Si se consideraba que la mujer poseída traía demasiadas calamidades, la autoridad religiosa de la aldea podía ordenar que fuera quemada viva para evitar que su sangre cayera al suelo y contagiara así el terreno. La práctica de marginar a las viudas puede recordar en algunos rasgos a la costumbre hinduista de aislar a las mujeres viudas, independientemente de su de la edad, en las denominadas "casas de viudas”, práctica que todavía hoy en India afecta a once millones de mujeres.

Quiénes son los
Según los expertos en antropología y muchos cooperantes de las organizaciones humanitarias, el fenómeno de los niños brujos o Ndoki sería una consecuencia de la extrema pobreza, ya sea material o humana, debida a años de guerras internas que han obligado a muchos congoleños a abandonar sus hogares y a menudo a emigrar a las megalópolis en busca de fortuna, perdiendo de este modo los lazos con sus tradiciones. Según las investigaciones desarrolladas la mayor parte de los niños acusados de brujería han perdido a uno o ambos los padres, y normalmente la nueva esposa o el nuevo marido del progenitor que sigue vivo no acepta de buen grado a los hijos nacidos de la anterior unión, a causa de las restricciones económicas y la pérdida de la idea de solidaridad familiar, típica de la cultura tribal africana. El niño sería así "una boca más que alimentar", como explica el padre Zbiguiew Orlikowski, director de la ONG "Oeuvre de Reclassement et de la Protection des Enfants de la Rue", que trabaja desde hace años para mejorar las condiciones de vida de los niños congoleños. La acusación de brujería puede surgir por los más variados motivos: los niños pueden ser acusados de haber hecho enfermar a un miembro de la familia, de haber hecho perder un trabajo, o sencillamente de haber echado el mal de ojo. El simple comportamiento del niño es interpretado en relación a los hechos cotidianos y puede ser motivo suficiente para inducir los parientes a creerlo poseído.


Según los expertos en antropología y muchos cooperantes de las organizaciones humanitarias, el fenómeno de los niños brujos o Ndoki sería una consecuencia de la extrema pobreza, ya sea material o humana, debida a años de guerras internas que han obligado a muchos congoleños a abandonar sus hogares y a menudo a emigrar a las megalópolis en busca de fortuna, perdiendo de este modo los lazos con sus tradiciones. Según las investigaciones desarrolladas la mayor parte de los niños acusados de brujería han perdido a uno o ambos los padres, y normalmente la nueva esposa o el nuevo marido del progenitor que sigue vivo no acepta de buen grado a los hijos nacidos de la anterior unión, a causa de las restricciones económicas y la pérdida de la idea de solidaridad familiar, típica de la cultura tribal africana. El niño sería así "una boca más que alimentar", como explica el padre Zbiguiew Orlikowski, director de la ONG "Oeuvre de Reclassement et de la Protection des Enfants de la Rue", que trabaja desde hace años para mejorar las condiciones de vida de los niños congoleños. La acusación de brujería puede surgir por los más variados motivos: los niños pueden ser acusados de haber hecho enfermar a un miembro de la familia, de haber hecho perder un trabajo, o sencillamente de haber echado el mal de ojo. El simple comportamiento del niño es interpretado en relación a los hechos cotidianos y puede ser motivo suficiente para inducir los parientes a creerlo poseído.

Generalmente la familia se dirige a una de las muchas figuras religiosas tradicionales que mezcla rituales animistas con rituales cristianos y a los que se les atribuyen poderes mágicos. Estos religiosos gozan de amplio poder y consideración en la comunidad en la que obran, son venerados y temidos por sus fieles, y cuando declaran a un niño poseído toda la familia les cree sin vacilar. La autoridad religiosa tradicional solicita a la familia una ingente cantidad de dinero para el diagnóstico y los exorcismos, esto hace que la familia sea aún más hostil hacia el niño: si se le considera poseído se convierte en un paria social, es alejado de la escuela, no puede sentarse a mesa con los otros miembros de la familia, le dan peores raciones de comida que a los demás, no puede jugar con los niños ni de la familia ni de su barrio. Como han contado las pequeñas víctimas, su nuevo padrastro o madrastra, o los familiares que les han acogido en casa al huérfano, para purificarlo de las desgracias que provoca y para intentar alejar el diablo de su cuerpo, además de considerarlo como un esclavo, le pegan repetidamente, le someten a toda clase de torturas, a veces le encierran durante días en una habitación sin comida ni agua; otras veces le prohíben quedarse en casa y le obligan a mendigar en las calles para contribuir al precario presupuesto familiar; muy a menudo también sufren violencia sexual de los familiares mayores. La violencia física y psicológica inducen el niño a creerse realmente poseído y la causa de todos los males ocurridos en la familia, y esto también puede llevarle a realizar actos de feroz violencia y a perder definitivamente la estabilidad mental. Muy a menudo los repetidos golpes, la violencia y las privaciones llevan a la muerte del niño que, según los datos, no tiene nunca más de 8 o 10 años cuando es acusado.

Muchos no son capaces de soportar más violencia y para evitar la muerte escapan y viven en la calle, dónde engrosan las numerosas bandas de niños sin techo. En las familias de este tipo es usual la violencia sexual perpetrada por miembros adultos, a menudo infectados por el VIH, sobre los niños, que una vez contagiados son acusados de haber llevado y difundido el virus en la familia. Virus que, según los religiosos tradicionales, es la demostración más clara de la encarnación del diablo.

Los familiares y la comunidad realmente creen que el diablo se encarna en los seres humanos, pero el hecho que sean la mayor parte de las veces los niños, que no tienen una protección suficiente dentro de la familia, los considerados brujos, hace pensar a los estudiosos que la brujería a menudo pueda ser una excusa perfecta para hacerse con la herencia, miserable de todas formas, del niño y tener una carga menos sobre los exiguos ingresos familiares.

Como señalan numerosos informes de las agencias humanitarias y reportajes periodísticos, no son raros los casos de padres que, convencidos por la familia o el jefe espiritual, llegan a matar a sus propios hijos pensando que de este modo salvan a los pequeños y sus seres queridos del yugo de la posesión.

Las condiciones de vida
La mayor parte de los Ndoki se encuentran en Kinshasa, la ciudad más afectada por este fenómeno, y cada semana hay centenares de nuevas acusaciones de brujería. No hay datos precisos sobre el número actual de los niños de la calle en la capital: se va desde un dato optimista de 40.000 a un dato seguramente más realista de 70.000, la mayor parte infectados por el SIDA, según los recientes datos de UNICEF. Verosímilmente su número se ha duplicado en los últimos 10 años, y generalmente tienen una edad comprendida entre los 5 y los 15 años. Según el informe de abril de 2006 de Human Rights Watch, el 70% de estos niños son considerados como poseídos por los habitantes de Kinshasa.


La mayor parte de los Ndoki se encuentran en Kinshasa, la ciudad más afectada por este fenómeno, y cada semana hay centenares de nuevas acusaciones de brujería. No hay datos precisos sobre el número actual de los niños de la calle en la capital: se va desde un dato optimista de 40.000 a un dato seguramente más realista de 70.000, la mayor parte infectados por el SIDA, según los recientes datos de UNICEF. Verosímilmente su número se ha duplicado en los últimos 10 años, y generalmente tienen una edad comprendida entre los 5 y los 15 años. Según el informe de abril de 2006 de Human Rights Watch, el 70% de estos niños son considerados como poseídos por los habitantes de Kinshasa.

Además muchos niños contraen el virus del SIDA en la calle ya que, para sobrevivir, se prostituyen, tanto con congoleños como con extranjeros que se encuentran en Kinshasa por trabajo y se consideran los mayores responsables de la difusión de la pandemia.

No existen planes gubernamentales para intentar solucionar la situación; las autoridades locales a menudo son acusadas de no instruir los sumarios y de abusar sexualmente de los niños, fenómeno que recuerda al de los “escuadrones de la muerte” que actúan en la ciudad de Rio de Janeiro y en sus suburbios. Además, en las calles surgen auténticas bandas compuestas de niños y muchachitos que cada noche atacan y luchan contra otras bandas y contra la policía. Las organizaciones humanitarias denuncian una creciente difusión de drogas y sustancias estupefacientes como hachís, alcohol, valium y pegamento (que es esnifado), utilizados para aliviar los aguijonazos del hambre.

Actualmente sólo las organizaciones gubernamentales y las ONGs, sobre todo religiosos, se ocupan de los Ndoki, y más en general de los niños de calle, ya sea dándoles alimentos y asistencia médica, u hospitalizándolos en pequeños centros para intentar una recuperación psico-física. Hay que subrayar que el personal congoleño de las diversa organizaciones que operan en Kinshasa en favor de los Ndoki, incluso no creyendo que los niños realmente estén poseídos por el diablo, temen en todo caso a las autoridades religiosas tradicionales, ya que les creen capaces de hacer magia negra y de poder matar a una persona simplemente invocando a los espíritus malvados. Esto es una clara señal de que la cultura tradicional y la superstición tienen un papel importante para toda la población congoleña, influenciando también las creencias y la vida cotidiana de personas medianamente cultas.

El fenómeno religioso
Como explican diversos cooperantes que cada día se ocupan de combatir esta realidad, el fenómeno de los niños de calle y por consiguiente de los niños Ndoki se puede comprender sólo si se analiza cuidadosamente el contexto histórico y socio-económico actual de la República Democrática de Congo. Desde siempre la mitología africana es rica en espíritus y demonios que se manifiestan en la realidad cotidiana de los hombres interviniendo activamente en sus vidas, y además se cree que cada ser viviente posee un espíritu propio. Esta tradición se ha mezclado a lo largo de los siglos con el cristianismo llevado por los misioneros occidentales, dando vida a un animado sincretismo que se modifica y se enriquece sin parar en base a las exigencias de la población y se plasma en las fuertes personalidades de los líderes religiosos carismáticos, dando lugar así a un número siempre creciente de corrientes religiosas. El catolicismo sigue siendo la religión principal para número de fieles, seguida por varias iglesias protestantes y por la Iglesia Kimbanguista. Esta última iglesia, que supera las fronteras congoleñas, es considerada por muchos como una secta: fue fundada por Kinbangu, que se autoproclamó profeta y que murió en la cárcel en 1951. Sus seguidores, entre los que se cuentan influyentes personalidades congoleñas, como el recién elegido presidente de la República Joseph Kabila, creen que su jefe espiritual es la reencarnación de Jesucristo; por este motivo en 2004 se produjo el cisma de la Iglesia Episcopal, agudizando posteriormente la difícil situación de la Iglesia Católica en África, que cada año pierde más fieles a causa del aumento del número de iglesias independientes. La Iglesia Kimbanguista, que desarrolló un papel activo en la lucha contra el colonialismo belga, junto a centenares de "iglesias del despertar” representa un auténtico fenómeno social, además de económico, en Kinshasa y en todo el RDC: sólo en los suburbios de la capital se cuentan acerca de 400 "iglesias del despertar”, sólo en la ciudad de Mbuji-Mayi deberían ser 2.000 en total. Se cree que el 20% de la población pertenece a una secta nacida del fuerte sincretismo animista-cristiano, dónde el empleo de la magia tiene un papel destacado y dónde los religiosos tradicionales, después de cobrar su correspondiente minuta, prometen solucionar cualquier tipo de problema de sus seguidores. Según los estudiosos de las religiones, el aumento exponencial de este fenómeno se debe a la extrema precariedad en la que viven la mayor parte de los congoleños: en las magias y en los sermones de los predicadores, que acusan a los ex-colonizadores de todos los males del país, los pobres y los desheredados recuperan sus esperanzas y encuentran una respuesta y una justificación.


Como explican diversos cooperantes que cada día se ocupan de combatir esta realidad, el fenómeno de los niños de calle y por consiguiente de los niños Ndoki se puede comprender sólo si se analiza cuidadosamente el contexto histórico y socio-económico actual de la República Democrática de Congo. Desde siempre la mitología africana es rica en espíritus y demonios que se manifiestan en la realidad cotidiana de los hombres interviniendo activamente en sus vidas, y además se cree que cada ser viviente posee un espíritu propio. Esta tradición se ha mezclado a lo largo de los siglos con el cristianismo llevado por los misioneros occidentales, dando vida a un animado sincretismo que se modifica y se enriquece sin parar en base a las exigencias de la población y se plasma en las fuertes personalidades de los líderes religiosos carismáticos, dando lugar así a un número siempre creciente de corrientes religiosas. El catolicismo sigue siendo la religión principal para número de fieles, seguida por varias iglesias protestantes y por la Iglesia Kimbanguista. Esta última iglesia, que supera las fronteras congoleñas, es considerada por muchos como una secta: fue fundada por Kinbangu, que se autoproclamó profeta y que murió en la cárcel en 1951. Sus seguidores, entre los que se cuentan influyentes personalidades congoleñas, como el recién elegido presidente de la República Joseph Kabila, creen que su jefe espiritual es la reencarnación de Jesucristo; por este motivo en 2004 se produjo el cisma de la Iglesia Episcopal, agudizando posteriormente la difícil situación de la Iglesia Católica en África, que cada año pierde más fieles a causa del aumento del número de iglesias independientes. La Iglesia Kimbanguista, que desarrolló un papel activo en la lucha contra el colonialismo belga, junto a centenares de "iglesias del despertar” representa un auténtico fenómeno social, además de económico, en Kinshasa y en todo el RDC: sólo en los suburbios de la capital se cuentan acerca de 400 "iglesias del despertar”, sólo en la ciudad de Mbuji-Mayi deberían ser 2.000 en total. Se cree que el 20% de la población pertenece a una secta nacida del fuerte sincretismo animista-cristiano, dónde el empleo de la magia tiene un papel destacado y dónde los religiosos tradicionales, después de cobrar su correspondiente minuta, prometen solucionar cualquier tipo de problema de sus seguidores. Según los estudiosos de las religiones, el aumento exponencial de este fenómeno se debe a la extrema precariedad en la que viven la mayor parte de los congoleños: en las magias y en los sermones de los predicadores, que acusan a los ex-colonizadores de todos los males del país, los pobres y los desheredados recuperan sus esperanzas y encuentran una respuesta y una justificación.

Todas las "iglesias del despertar” son fundadas y conducidas por pastores “desviados” que se autoproclaman profetas y Mama (mujeres que presiden los rituales religiosos y mágicos y que tienen autoridad dentro de la sociedad): como Onokoko, proclamado "Profeta de Cristo"; Mama Madonsiala, profeta de la iglesia "La fe de Job"; Sony Kafuta "Rockman"; el profeta Kabuni Wa Lesa del "Charismati Evangelical Center"; el profeta Mokolo del “Laboratorio universal de la cura espiritual", etc…. Habitual de las páginas de sucesos es Kutino Fernando, reverendo de la "Victory Army Church", que el 16 de mayo de 2006 fue detenido por posesión de armas y en septiembre de 1999 causó la indignación de la población musulmana por haber prendido fuego a una copia del Alcorán durante una celebración, acto que siempre ha desmentido.

Ligado al aumento de las "iglesias del despertar” y los autoproclamados profeta-pastores está el fenómeno de los Ndoki: efectivamente, los profetas afirman poder curar a los poseídos y convencen a la familia para pagar ingentes sumas por su curación. Muy a menudo los niños se alojan con los propios religiosos, que los someten, según los testimonios de los propios niños recogidos por los cooperantes, a crueles prácticas para eliminar al ángel caído: son golpeados repetidamente, también privados de comida y agua. Son obligados a tragar varios objetos, pociones o peces vivos para provocarles el vómito y eliminar así el espíritu malvado o, como dicen los religiosos tradicionales locales "vomitar el diablo", dado que se tienen al vómito como una de las manifestaciones de posesión.

En el último período en muchos Estados africanos, y sobre todo en la República Democrática de Congo, se está asistiendo a una espectacularización de las ceremonias religiosas y los rituales de exorcismo. Durante las liturgias el pastor realiza exorcismos e imparte su bendición a quien está dispuesto a hacer donativos para la congregación, que pueden ser en dinero o en productos agrícolas. Desde este punto de vista, no hay que infravalorar la solicitud de una donación, en un país en que la mitad de la población vive con menos que un dólar al día y dónde los pobres están dispuestos a vender todos sus bienes para ser “salvados del mal", como los predicadores prometen. Además muchos exorcistas y "profetas" a menudo aparecen en televisión o hablan por la radio anunciando la llegada del Mesías y proclamando sus poderes con el objetivo de asustar a los fieles.

Conclusiones
La opinión de las organizaciones internacionales y humanitarias, entre las más activas hay que contar a la Iglesia Católica, coinciden en creer que el fenómeno de los Ndoki, tan extendido en las metrópolis congoleñas, es el resultado de varios factores: guerras civiles, gobiernos autoritarios, pobreza extrema, trabajo infantil, desarraigo del contexto social y cultural a causa de las migraciones forzadas, falta de educación primaria y, sobre todo, rotura de los lazos tradicionales dentro de la familia.


La opinión de las organizaciones internacionales y humanitarias, entre las más activas hay que contar a la Iglesia Católica, coinciden en creer que el fenómeno de los Ndoki, tan extendido en las metrópolis congoleñas, es el resultado de varios factores: guerras civiles, gobiernos autoritarios, pobreza extrema, trabajo infantil, desarraigo del contexto social y cultural a causa de las migraciones forzadas, falta de educación primaria y, sobre todo, rotura de los lazos tradicionales dentro de la familia.

En este contexto, según los estudiosos, han proliferado fenómenos degradantes como violencia y abusos sobre mujeres y niños y aprovechamiento de los más débiles. Esta nueva sociedad que se ha formado en las últimas décadas es terreno abonado para nuevas doctrinas religiosas que hunden sus raíces en los rituales cristiano-animistas tradicionales africanos. Han asumido un amplio poder simbólico y social los llamados "profetas autoproclamados", también presentes en la tradición congoleña, pero que en los últimos años desarrollan un papel cada vez más preponderante en la vida de sus fieles, como demuestran los casos no aislados de padres que han llegado a matar a sus propios hijos porque fueron convencidos por estas figuras religiosas.

El fenómeno de los profetas, predicadores, y exorcistas puede ser leído también en clave económico-política, ya que también líderes políticos como Joseph Kabila forman parte de sectas e iglesias cismáticas, y las ofrendas de los fieles durante las celebraciones son una importante fuente de ingresos para los religiosos, que tienen generalmente un estilo de vida muy por encima de las posibilidades de la media congoleña.

Difícilmente a medio plazo se podrá erradicar el fenómeno de los Ndoki, es decir de los niños brujos, ya que son un fácil chivo expiatorio para intentar aliviar las dificultades y los desengaños cotidianos, pero sobre todo porque se necesitan programas de educación y sanidad, que actualmente el Gobierno de Kinshasa, independientemente de la elección del nuevo presidente de la República, no parece capaz de proveer.

Se deduce que sólo una paz verdadera y duradera, la reconstrucción de la sociedad y las familias, además de que una ecuánime distribución de la riqueza, pueden eliminar el fenómeno de los niños brujos y de los niños de calle.

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¿Hay tráfico de órganos en China?

Enlace permanente 11 de Diciembre, 2006, 6:35

El Nuevo Diario
09/12/2006

Ex secretario de Estado canadiense asegura que venden todo a alto precio: corazones, riñones, hígados y córneas.

“Sus órganos vitales, incluyendo corazones, riñones, hígados y córneas fueron sustraídos simultáneamente de manera no voluntaria para ser vendidos a precios elevados”.

Es la conclusión del informe Investigación Independiente en Canadá sobre denuncias de extracción masiva de órganos a practicantes de Falun Gong, en China, que David Kilgour, ex secretario de Estado canadiense para la región Asia-Pacífico, presenta hoy en Madrid.

El pasado 20 de junio el Tribunal Supremo admitió la querella por genocidio y torturas interpuesta por 15 practicantes de Falun Gong, una antigua práctica china de meditación ilegalizada y perseguida desde 1999 por el Partido Comunista Chino, que la considera un “culto satánico”.

El Supremo falló que España era competente para investigar los hechos porque China no ha suscrito el Estatuto de Roma de 1998 del Tribunal Penal Internacional, y porque el derecho chino no sanciona el delito de genocidio. Ahora la Audiencia Nacional debe iniciar la instrucción del caso.

El abogado de los querellantes, Carlos Iglesias, confía en que empiecen a llamarles “entre diciembre y enero”. Kilgour aporta como pruebas los testimonios de practicantes de Falun Gong que fueron retenidos en campos de trabajo, como el de una mujer que relata haber sido sometida a numerosas pruebas médicas y descartada por tener los órganos dañados por las palizas de los guardias, o el de la mujer de un cirujano que asegura que su marido extirpó las córneas de unos 2,000 prisioneros de Falun Gong.

El informe incluye grabaciones a médicos y funcionarios de centros de detención, que aseguraron tener órganos disponibles de prisioneros de Falun Gong. “Tengo 10 corazones latiendo”, asegura en una de ellas, el médico jefe del Centro Oriental de Transplantes, Doctor Song.

“Son una secta ilegal, que causa enfermedades y vuelve loca a la gente. Antes había centros de reeducación para ayudar a que se curaran, pero ahora quedan ya muy pocos practicantes. El informe Kilgour es exagerado”, declaró ayer a este periódico el portavoz de la embajada china en España, Lan Hu.

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El mentir de las estrellas

Enlace permanente 11 de Diciembre, 2006, 6:29

Jaime Acosta Espinosa
Hoy On Line
10/12/2006

Las noticias de escenas macabras se tornan familiares, a fuerza de repetirse. Dice el diario que siete personas fueron masacradas en Ambato, presuntamente por estafas relacionadas con la brujería. En las viviendas donde sucedieron los crímenes, se hallaron al menos 2 000 fotos de personas pinchadas con alfileres y escritas con maldiciones, ruegos y peticiones de toda índole. Las familias agredidas se dedicaban al negocio de la brujería.

Las prácticas de brujería han convivido siempre con períodos de ignorancia y de apogeo cultural; así como con épocas de vacas flacas y de opulencia. Su presencia continuada en todas las sociedades y épocas se aprovecha de que los hombres somos crédulos; tenemos “demasiada facilidad para creer, a veces, contra el buen sentido”, tenemos nuestro reducto de ingenuidad y, además, nos emociona la natural curiosidad por saber lo pasado y el porvenir.

Las preguntas abundan sobre objetos a los que se les atribuye cualidades de prever, descifrar, cambiar el futuro y causar desgracias o muerte. Si es verdad que una foto atravesada sea capaz de perturbar al fotografiado a cualquier distancia, ¿de dónde tiene esa foto su asombroso poder? ¿De sí misma o lo ha recibido de alguien? Si lo tiene por sí misma, la razón no deja de ser sorprendente. ¿Cómo logra un objeto inerte identificar a la persona sobre la cual debe actuar?

Si, en cambio, el poder lo ha recibido de alguien, la intriga se vuelve todavía más notable. Los devotos de esos ritos no atribuyen a sus objetos designios inteligentes. Sucedería simplemente que determinadas cosas contienen en sí fuerzas cósmicas o maléficas. Pero eso no hace sino trasladar el problema. ¿Por qué dichas cosas poseen poderes de los que sus autores carecen? ¿Cómo actúa esa fuerza para dirigirse precisamente en contra de alguien? ¿Si esa fuerza es inteligente y poderosa, cómo pueden dominarla algunos personajes? ¿Está ella sometida a otras reglas a su vez más poderosas?

Nunca pierde actualidad la restauración del viejo ritual mágico, en plena época de la ciencia y la tecnología. Quienes lo cultivan son conscientes de que la razón humana es limitada y está lejos de constituir un absoluto. Detrás de estas supersticiones se esconde el noble deseo de huir del materialismo y buscar dimensiones de la vida más espirituales. Así también se busca una forma de la justicia, tan despreciada por los hombres. Pero el precio que pagan es demasiado alto y los resultados macabros.

Rafael Rodríguez Vidal, catedrático de Matemáticas en la Universidad de Zaragoza escribió el libro El mentir de las estrellas, tomando el nombre de una cuarteta, atribuida a Quevedo, que reza así: “El mentir de las estrellas / es muy seguro mentir / porque ninguno ha de ir / a preguntárselo a ellas”. No son las estrellas las que mienten, sino los astrólogos.

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