|
Opinión 05/12/2006
Grupos sociales piden que se elimine promoción de esas prácticas para evitar más crímenes crueles. El asesinato de siete personas, supuestamente dedicadas a la brujería, ocurrido el viernes pasado, produjo la reacción de varios grupos sociales que exigen a las autoridades controlar la práctica y difusión de esa actividad, muy común en esta ciudad, para evitar más asesinatos de este tipo.
Esto a propósito de que la Policía baraja la hipótesis de que la saña utilizada en el asesinato de las víctimas, que fueron baleadas, acuchilladas y quemadas, fue producto de una venganza por estafa.
El castigo por las malas prácticas de limpias o brujería en Ambato no es nuevo. En julio de 1996, por ejemplo, en la comunidad Calhuasig, dos hermanas de apellido Heredia Camana fueron ortigadas y bañadas con agua helada, acusadas de matar a cinco personas por medio de la brujería. Mientras que el 15 de junio pasado, en esa misma comunidad, Luz María Terán fue culpada de no curar a José Ignacio Yanchapanta como había ofrecido, y recibió igual castigo.
|