Informe sobre Sectas : Reflexiones sobre el fenómeno de las sectas hoy

 

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Halloween y Día de los Muertos, la visita de los ausentes

Enlace permanente 24 de Octubre, 2006, 10:29

La Voz
23/10/2006

Ambas son consideradas festividades a pesar del tono siniestro, oscuro y lúgubre de su origen y significado. De hecho, las dos podrían suponer una celebración de la vida a través del recuerdo a los muertos. Empero, Halloween y el Día de los Muertos poseen diferente historia y origen, además de una ‘relación’ distinta con los fallecidos.

Invitación y pavor a los espíritus
Casi al mismo tiempo, a finales de octubre y principios de noviembre, Estados Unidos y México rinden tributo al final de la vida – o más concretamente a aquellos que desaparecieron- sin poner nombres propios. Es, entonces, cuando grandes números de personas se reúnen en fiestas y recorren las calles de las ciudades embozados con máscaras o pinturas que delimitan siluetas esperpénticas y horrorosas.

En México - y en concreto en la ciudad de Oaxaca- las calaveras y tibias cobran especial significado. Así, todos los que se animan, participan del disfrute del disfraz. En Estados Unidos sucede algo similar cuando los amantes de Halloween deciden interpretar por unas horas el papel del personaje más terrorífico del cine, la mitología o la literatura.

Sin embargo y mientras que en tierras aztecas la ceremonia implica una invitación a los espíritus de los ancestros para visitar el mundo de los vivos, Halloween es una manifestación del miedo y respeto hacia ellos, aunque con el tiempo haya adoptado matices más irónicos.

La festividad en sí comienza a celebrarse en Halloween el 31 de octubre, la víspera del Día de los Difuntos. México prefiere convertirlo en una semana de principios de noviembre. No obstante, en los dos casos sus orígenes se remontan a poblaciones tan primitivas como la celta y la prehispánica.

Así pues y hace más de 2.500 años, el pavor a los espíritus de los ausentes cubría de supersticiones, historias de brujería y monstruos legendarios a irlandeses, escoceses, galeses, bretones y córnicos (todos ellos actuales anglosajones y galos), que acogían el evento con precaución simbólica. De este modo, tibias, calaveras y demás restos de cadáveres adornaban las casas de todos los que temían y deseaban ahuyentar aquellas ánimas. En la tradición celta, este día unificaba la visita y resurrección de los fallecidos en cuerpos de vivos.

Sin truco, no hay trato
En México, en cambio, nadie pasa desapercibido a una festividad que busca sus experiencias en la raíz, los parientes primigenios. La llegada al mundo de los vivos de las almas de antepasados ha propiciado el recuerdo de los ausentes y de los primeros habitantes del país, que se sitúan claramente entre las culturas indígenas. Entonces, el primero del mes de noviembre se suceden las visitas a los panteones con el sentir de la magia y el sincretismo.

Previamente, la mayor parte de los establecimientos (de alimentación, juguetería, etc…) se ha engalanado de colores, olores y sabores que comienzan a anunciar el evento desde mediados de octubre. En torno a la pastelería y, en definitiva, la gastronomía, se vive un ambiente creativo donde el mole negro, los dulces oaxaqueños, las manzanitas de tejocote y el nicuatole o el pan de muerto, entre otros, se convierten en los productos estrella.

El devenir social de los tiempos y la esencia fraternal que se vive en estas fechas dota de costumbre el obsequiar a familiares y amistades con los deliciosos platillos.

En Estados Unidos, las antiguas creencias celtas en torno a dioses paganos brindaron mundos de fantasmas, brujas, gatos negros, zombis, demonios o personajes literarios de la talla de Frankestein o Drácula. De esta manera, las ciudades comienzan a poblarse de disfraces de Cásper, espantapájaros, Jack-o-Lantern, Mefisto o las últimas inspiraciones cinematográficas (Elm Street, Scream) que, en los cuerpos de los más pequeños, recorren casa a casa y puerta tras puerta con la premisa del ‘truco o trato’.

Al fin y al cabo y aun en clave de menor contexto íntimo, son los niños los que comparten bajo esta sentencia, que se les suponía a los espíritus de los muertos, las viandas - en su mayoría dulces- de los que festejan este acontecimiento.

Pan de muerto, calaveras de azúcar
Halloween se vive así en la música, las películas, los libros de historietas y los hábitos sociales que han ido transformando un ritual importado por inmigrantes irlandeses. A pesar de todo y debido a la idiosincrasia estadounidense, la tradición se expande a favor de un concepto más amplio y en constante renovación.

Con todo ello, la exportación de Halloween al mundo se ha ido extendiendo lentamente y algunos países europeos están ya adoptando sus hábitos, como en su momento hicieran con la imagen más internacional y ‘pop’ de Santa Claus. El crisol de culturas o caleidoscopio de sus iconografías siempre ha sido una de las mayores insignes del país norteamericano.

Por eso, nos llena de curiosidad y regocijo que incluso algunos de los héroes más admirados del tebeo, tenga en su futuro más reciente una evidente inspiración mexicana. Paradójicamente, incluso el hombre araña pasa por ser un latino más, de nombre Miguel y traje en alusión a las fiestas oaxaqueñas, aunque con ascendencia irlandesa.

En California se han popularizado los festejos del otro lado de la frontera y se pueden encontrar en establecimientos y puestos el dulce de calabaza, el pan de muerto, las calaveras de azúcar y diversidad de mezcales, tequilas, cervezas o aguardientes.

La calabaza, el negro y naranja son los tres elementos imprescindibles de estos días. El sentido literal de los ritos funerarios – sepelio, duelo, oración- se transforma para esos ornamentos que ilustran (en el caso de Halloween el ascenso a los cielos y el descenso a los infiernos en el rostro de una calabaza hueca y llameante) el día oscuro más risueño.

Junto al negro y naranja, los colores más abundantes son los de aquellas flores con las que se rinde tributo a los desaparecidos. Crisantemos, el cempasúchil, la zinnia, los pensamientos, nomeolvides, lirios, campanillas de invierno, claveles rojos, escabiosas o geranios traen consigo ideas de melancolía, recuerdo, viudedad, gozo y dolor, paz, saludos, apego, consuelo, amor y esperanza.

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