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J. A., Castelló Levante 25-06-2006
Jóvenes de entre 20 y 30 años, con nivel socioeconómico medio, inteligencia normal, insatisfechos con la sociedad actual, con claros deseos de cambiar. Este es el perfil más habitual de las personas susceptibles de caer en las redes de las sectas. Es común también que vivan situaciones de crisis personal por razones afectivas o sociales y, por lo tanto, se encuentren en inferioridad de condiciones y con los mecanismos de defensa bajos ante estímulos provenientes del exterior. En esta coyuntura, los afectados buscan soluciones globales y definitivas a sus problemas personales. Y las iluminadas promesas de los grupos sectarios, ornamentadas con una retórica muy eficaz, pueden resultar muy atractivas, según asegura la revista Consumer.es. Especialmente, en personas cuyo carácter tiende a la dependencia emocional de otras. Pero, de todos modos, no puede afirmarse que las personas captadas por las sectas padezcan mayoritariamente alteraciones psicológicas.
En su libro Adictos a sectas, Pepe Rodriguez, periodista y escritor, señala que en España 200.000 personas pertenecen a estos grupos destructores de la personalidad. Lo consiguen recurriendo al engaño y a técnicas de manipulación y control con el fin de conseguir los objetivos de los líderes de estos grupos, normalmente a costa de la explotación de las personas reclutadas.
Tal vez, como afirman algunos investigadores, la causa principal de la captación no está tanto en la capacidad persuasiva de los manipuladores como en la fragilidad personal de los jóvenes, porque hemos hecho dejación de nuestra responsabilidad en un proceso educativo que debería tener como objetivo promocionar personalidades fuertes y emancipadas.
Si un grupo que pretende atraernos hacia sus actividades a nosotros, a nuestros hijos o amigos, reúne alguna de las características que siguen, sospechemos. Veámoslas: Exigen una dedicación excesiva, absorbente, casi una devoción, a alguna persona o idea; utilizan programas de modificación del pensamiento para convencer y controlar a sus miembros en un único y estricto patrón de creencias y valores; producen estados de dependencia psicológica en sus miembros; y explotan a sus seguidores para conseguir objetivos, normalmente económicos, del grupo.
Y sobre todo causan daño psicológico a los seguidores y graves problemas en su entorno familiar. Vale la pena vigilar para evitar el riesgo de contagio.
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